Paraguay. Señales. Causalidades y casualidades.

Hace mucho que vengo pensando en Brasil, como punto de destino para iniciar un nuevo viaje sin fecha de retorno.

Pero, de repente, Paraguay destella en mi mente.

Paraguarí, PY, foto tomada de “Paraguay en Fotografías” (FB)

Y me puse a tomar notas, porque sólo escribiendo puedo aclarar mejor mis ideas.

¿Por qué Paraguay?

Porque está cerca.
Porque tengo poca plata para buscar puntos de partida más distantes.

Porque no se sabe mucho sobre Paraguay.
Porque yo sé poco sobre Paraguay.

Porque hace mucho tiempo que quiero aprender guaraní.
Porque mi abuela habla guaraní.
Porque Rosa, mi amiga de El Potrillo, me decía que tenía un sueño, comprarse una moto cross e ir a recorrer Paraguay en moto.

Viajando con Rosa en alguna terminal de Bolivia en 2010…

Porque hay muchos prejuicios.

Porque quizás tuve ancestros paraguayos.
Porque mi abuela nació en una isla en el Río Paraguay, y nunca quedaba claro de qué país se trataba.

Con mi abuela, navegando para reconocer los lugares donde creció. Dalmacia,
Formosa, 2011.

 

Mi abuela que habla guaraní, Juan Pablo Villarino (mostrándole huellas de sus pasos en el globo) y mi abuelo, el francés. Palma Sola, 2008.

Porque tuve niñeras paraguayas.
Porque Nueva York se llamó un barrio de cosecheros paraguayos detrás de la quinta de mi abuela. Eran cosecheros golondrina.
Porque ahí se hablaba de que habían unos cuantos que se habían escapado de Tacumbú, la cárcel más peligrosa de Paraguay.

Porque mi cámara me la compré en Paraguay hace unos años. Fue el contrabando más grande que salió con éxito. Porque también intenté comprar una cocina, pero “cayó”, la secuestró la policía cuando me la traían.

Porque mucho nos hemos asombrado hojeando diarios sensacionalistas paraguayos. Como pasó con el caso del “semental alemán” que estaba preso en Tacumbú y ofrecía sexo a mujeres paraguayas para darles hijos con nacionalidad europea.

Porque mi madre siempre tuvo miedo de ir a Paraguay.
Porque se me crearon mitos muy fuertes sobre la peligrosidad de andar por Paraguay, desde la infancia.

Porque conocí en la Feria del Libro de Formosa a Bareiro Saguier, un escritor paraguayo exiliado en París durante la dictadura de Strossner, y tuve ganas de saber más sobre esa parte de la historia.
Porque Jorge Coscia presentó el libro de Jorge Abelardo Ramos, “Historia de la Nación Latinoamericana” que me llenó de inquietud por leerlo y saber más sobre esa “otra” historia latinoamericana. Y me sentí más Chica Latinoamericana que nunca.

Porque algo está pasando en Paraguay, cayó Lugo. ¿que dice la gente? No sé qué dice la gente. Quiero saber más. Ya escribí algo sobre esto en mi antiguo blog.

Porque muchas de las historias con las que crecí son de origen guaraní.
Porque cuando era niña vivía a 25 km de la frontera. Y salía con mis primos a investigar si el Pombero (un duende guaraní) existía realmente o no.

Porque vinieron a Formosa los escritores de la saga “Buenos Aires es leyenda” y crearon el ambiente para que en una cena la gente compartiera historias sobre la guerra de la Triple Alianza.

Porque en mi cumpleaños, el 2 de noviembre, no hicimos más que hablar durante la cena de honor con mi abuela y mis padres sobre la Guerra del Paraguay. Ellos sabían muchas cosas y yo, cumpliendo 30, me di cuenta de que aún no se nada. Y supongo que la mayoría de los formoseños de mi edad, incluso los más jóvenes, tampoco lo saben.

Porque cuando miro el río Paraguay, sé que lo que se ve en frente es otro país, pero que no lo parece.


Porque Guillermo me dijo ayer, algo así, mientras esperábamos público para actuar, mientras yo me sumía en un proclive silencio: “estamos sentados en este hermoso lugar, en el pasto, mientras nos caen gotas y del otro lado del río hay otro país; es la frontera y no lo parece…”

Con Guillermo, al borde del nuestro país, en la Isla de Oro sobre el Río Paraguay. Del otro lado es Paraguay.

Porque sí.

Porque cuenta mi abuelo que cuando administraba una estancia francesa trabajaban peones paraguayos, y ellos tenían una vitrola, y ponían discos con música en francés, que eran los únicos que tenían porque se los mandaban sus hermanas, y los paraguayos bailaban sin parar los días de lluvia que no había otra cosa que hacer, porque sino, dice mi abuelo, se emborrachaban.

Porque Juan volvió para darme algunos consejos y me dijo que para viajar necesito dólares, y que para comprar dólares tengo que cruzar la frontera, comprar guaraníes y pasarlos a dólares, porque en Argentina está complicado el trámite…

Porque vino Alcides, un paraguayo de Couch Surfing, y en su muro vi un video de unas grutas recientemente descubiertas en Paraguay que me fascinaron: las Cavernas de Vallemí.
Porque vi fotos de paisajes extraordinarios, de Alcides, escalando en su país, en un lugar maravilloso que se llama Salto Cristal. Quiero ir ahí.

Salto Cristal, Paraguay, fotos tomada del muro de Alcides.
Salto Cristal, Paraguay, fotos tomada del muro de Alcides.

Porque está Takuara Rendá, un proyecto de arquitectura sustentable que hace mucho quiero conocer.

Porque tengo una amiga paraguaya que conocí en Couch Surfing, que ahora vive en Rosario, a quien quiero mucho. Adri. Ella me hizo soñar con lugares para ir a degustar exquisitos manjares en Asunción.

Con Adri de Couch Surfing en Resistencia, Chaco.

Porque Tiphaine, una francesa de Couch Surfing que alojé el año pasado, no sé cómo hizo, pero navegó río arriba por el Río Paraguay, durmiendo entre bolsas de papas y cebollas, y luego descendió con otros viajeros en kayak durante varios días. Cómo lamento no haberla podido acompañar.

Tiphaine, admirando las bellezas paraguayas. (Foto de su muro), 2011.
Tiphaine, la francesa que navegó el río Paraguay. (Foto de su muro), 2011.

Porque hace un par de años me visitó Carlos, el español, fue a recorrer Paraguay y luego volvió a casa, y estaba sorprendido por la hospitalidad de la gente y los buenos momentos que pasó.

Con Carlos, en el mirador de la Costanera de Formosa, 2009

Porque cada vez siento un cariño más grande por la misteriosa tierra paraguaya.
Porque el año pasado fui al Festival de Cortos en Oberá, Misiones, y ahí conocí a tres paraguayos inolvidables: Liz, Jenny y Marcos.

Con Liz en el patio de la facultad de artes en Oberá, 2011
Marcos, amigo paraguayo, su corto ganó un premio en Oberá.
Una historia muy fuerte sobre la violencia de género.
Sergio es el primero de la izquierda, con él estuvimos viendo
otra vez el corto Karaí Norte. Jenny está a mi lado y, arriba,
de rosado, Liz, que está estudiando cine en Buenos Aires.

Porque la semana pasada Sergio, un amigo de Buenos Aires que fue al mismo festiva de cortometrajes, volvió a subir en su muro uno de los cortos más alucinantes que vi en mi vida, un corto paraguayo: “Karaí Norte“.

Porque dos viajeros argentinos que sigo, Rulo y Naty, vivieron en Paraguay un buen tiempo antes de iniciar su viaje hasta México, donde residen desde entonces. Y siempre me pregunté: ¿por qué?

Porque todos los viajeros no-argentinos hablan maravillas de Paraguay y su gente.
Porque parte de Formosa, donde nací, perteneció a Paraguay.

Porque en la facultad de letras de la UNNE tuve una compañera que se fue a trabajar de voluntaria a una comunidad paraguaya, para traducir la biblia a diferentes lenguas indígenas, y ahí descubrió, y yo con sus relatos, la cultura nivaclé. También se hablaba portugués y alemán en el miso pueblo ¡quiero conocerlo!

Gisela es mi compañera de la facu, la de remera celeste. Ahora vive en Canadá. Los otros dos también fueron mis compañeros, el de rojo vive en México, se llama Cristian. El de camisa a cuadros es Ema, no sé qué es de su vida por estos días… Cuando iba a rendir desde El Potrillo mis últimos exámenes, ellos me recibían con estas sonrisas, 2009

Porque me encanta el yogur paraguayo y es el único contrabando que realizo cuando voy a Alberdi.

Porque dicen que esos yogures son hechos por Menonitas, y quiero conocerlos.

Menonitas que fotografié en 2010 en la terminal de Santa Cruz de las Sierras, en Bolivia.

Porque recuerdo haber visto muchos coreanos cuando era niña por las calles de Asunción.
Recuerdo cultivos de tés y arroyos hermosos cuando íbamos a Brasil por Paraguay en los ’90.

Porque nunca entendí cómo podía ser que Asunción estuvier tan cerca de Palma Sola, mi pueblo de la niñez, y que llegando a Clorinda se vieran los cerros paraguayos y nosotros habitábamos esa llanura infinita. A penas cruzando el río Pilcomayo, la frontera, el color de la tierra y su relieve cambiaban abruptamente, como para indicarnos: bienvenidos a otro mundo. Lo mismo sentí cuando crucé de Perú a Ecuador.

Así fue con Ecuador antes de empezar aquel viaje en 2008, a dedo hasta Ecuador junto a Juan. Señales, causalidades y casualidades que me hablaban de Ecuador todo el tiempo.

Porque así fue antes de mudarme a Salta en 2002, desde Buenos Aires, todas las voces, miradas y señales me dirigían a Salta.

Hoy trato de encontrar señales que me lleven a Brasil o a Guayana Francesa, incluso hice un gran periplo para tratar de pegar un vuelo a Colombia, y no se dio, se complicó todo… pero lo cierto es que la fuerza del impulso cósmico es más fuerte, y Paraguay me susurra cosas… Estas cosas que puse acá.

 

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11 comentarios

  1. Una prueba más de que la cultura en sus diversas formas ayuda a vencer prejucios (la losa más pesada con que carga Paraguay) así como fomenta la curiosidad.

  2. Que lindo blog! y que buen post!!! Avisa cuando vas asi te doy los poquitos datos que tengo! estoy segura que vas a conocer mi pais 1000 veces mejor que yo! Disfruta Ceci! Te va a encantar!!

  3. Que lindo Paraguay, mi mamá nació allí y mis abuelos son de allí, algún la conoceré en toda su esplendor y recorrer la tierra de mis ancestros guaraníes. Hermoso lo que escribiste.

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