Ventanas del mundo

-Por Cecilia Hauff-

Mi ventana está cerrada, para que no entre el calor formoseño, pero si la abriera vería primero unas rejas y, más allá, verjas. Además, creo que no abro mucho esta ventana porque es una alegoría de una vida en prisión. Pero una vez tuve ganas de abrirla, tal vez porque era domingo, y miren lo que encontré, o ellos me encontraron a mí.

Imagen
Ventana en Formosa, Argentina.

Recuerdo muchas otras ventanas abiertas en otras partes del mundo. Me estaba duchando y de pronto vinieron todas estas ventanas a mi memoria. Por ejemplo, una ventana en Perú, en un hotel, en 1998, cuando estábamos viajando a dedo con Juan de Nazca a Cuzco. Qué viaje difícil aquél. Mucho frío en las altísimas montañas, llovizna, poca suerte con el dedo. En ese hotel de pueblo que ya no recuerdo cómo se llamaba, pasamos la noche. Quería darme un baño pero, como en todos los hoteles de Perú, no había agua caliente porque funcionaba con termotanque solar y estaba nublado, plena temporada de lluvias… Juan no se hacía mucho drama por no bañarse, pero yo lo necesitaba, así que tomaba coraje, como me enseñó mi abuela, y me bañaba en tiempo récord con agua helada de los Andes. Después me metía tiritando a la cama y recién podía descansar tranquila. Esa cama, esa noche, fue de mucha incomodidad, como la mayoría de las camas de hoteles baratos en Perú. Aunque hubo algo que anuló toda esa mala racha: mirar por la ventana, al otro día, cuando me desperté. La abrí y el paisaje me confundió. Me sabía en Perú pero me sentía también en un pueblito europeo, como muchos que había visto en las montañas en Francia mucho antes, chiquititos, medievales. Sólo afinando la mirada, contemplando un buen rato, empezaba encontrar los signos de que seguía en Perú y de que no me había trasladado a otro mundo, como en un cuento de Cortázar.

Ventana peruana en algún lugar entre Nazca y Cuzco, 2008
Ventana peruana en algún lugar entre Nazca y Cuzco, 2008
Ventana peruana haciendo dedo con frío en el mismo pueblito. Foto de Juan Villarino
Ventana peruana haciendo dedo con frío en el mismo pueblito. Foto de Juan Villarino

Otra ventana del mundo que recuerdo es en Le Poirier, Francia, cerca de Lyon. En la bella “campagne” francesa, la campiña. Estaba en casa de Pascale, mi madrina, y cada vez que entraba al baño una ventana me inhibía y me asombraba a la vez. El baño está en el primer piso y el inodoro está ubicado justo delante de una enorme ventana totalmente transparente donde uno se puede sentar a contemplar el bello paisaje pre alpino. A lo lejos campo, cerros, bosques, vacas, caminos, casas lejanas, mucho verde… Y yo tenía 16 años y no podía relajarme pensando en que alguien me espiaba desde algún punto de esa majestuosidad. Ahora me gustaría volver a intentarlo, creo que ya no me importaría si hubiera testigos o no, pero podría disfrutar el paisaje de otra manera. No tengo fotos de aquella ventana…

Hubo una ventana en 2009 que también mantenía cerrada en mi pequeño monoambiente de dos por tres en El Potrillo, la comunidad indígena wichí en la que viví casi un año. El techo era de chapa y me moría de calor en agosto, hubo días en que casi me desmayaba en la cama durante las siestas. También era tiempo de viento norte incesante, desde las 9 de la mañana hasta las 6 de la tarde, más o menos. Vivía rodeada de niños wichís, chivos, perros, chanchos y burros, que si no cerraba la puerta entraban sin pedir permiso como si fuera parte del espacio exterior. Como era agosto, hubo días frescos y días calurosos. Una mañana en la que estaba preparando mis clases para la tarde abrí la ventana debido a los ruidos que llamaron mi atención, y ahí tuve aquella maravillosa visión que pude retratar. Mis tres amigas wichís jugaban con una vieja carretilla como si de un trineo en la tierra se tratara, dentro iba Chinita, vestida de Papá Noel o Santa Claus, sonriendo. Fue mágico, fue auténtico realismo mágico.

Imagen
Ventana en El Potrillo, Formosa

Tampoco puedo olvidar aquella ventana de nuestra casa en El Colorado, mi pueblo natal, donde vamos a pasar algunos fines de semana, en la que vino un pirincho a posarse. Qué enorme, nunca había visto uno tan de cerca, me dio un poco de miedo, debo confesarlo. Por suerte la ventana estaba cerrada.

Imagen
Pajarraco en la ventana??

En el mismo sitio, por la misma ventana, siempre aparece Simón invitándome a jugar… A veces pierde la noción del tiempo y golpea mi ventana a la madrugada.

Imagen
Mi hermano perro me invita a jugar a través de mi ventana
Imagen
Ventana en El Colorado, Formosa

Otra ventana que quiero homenajear esta noche, es una en la costa de Bretagne, Francia, de la que no tengo imágenes pero que enmarcaba una porción de océano imitando el marco de un cuadro y todos los asientos de la sala se ubicaban para contemplar ese paisaje como si fuera una pantalla de cine. En la misma región, recuerdo que cerrábamos ventanas desesperados de cuarto en cuarto, porque se venía una tormenta y mis primos decían que si había dos ventanas abiertas y enfrentadas, un rayo podía pasar de ventana en ventana. Qué sensación siniestra tuve durante toda esa tormenta, mientras el viento azotaba con violencia. Al otro día, por esas mismas ventanas, volvía a verse un hermoso paisaje de mar frío, similar a los de Chile, que devolvía la calma.

Ni hablar de la belleza de la ventana en La Paz, en casa de Ronald, un amigo de Couch Surfing, con esa vista única que es mitad barrio residencial y mitad paisaje marciano. Un ventanal que él diseñó y que comparte con muchos viajeros que necesitan frenar la marcha y darse el tiempo de contemplar a través de una ventana por un rato, en la zona de mayor paz, en La Paz…

Ventana en La Paz, Bolivia

Y ya que estamos en Bolivia con Don Sapo, no puedo olvidar la ventana de la casita redonda de barro en el camping “El Jardín” en Samaipata, donde se practica arquitectura sustentable. Un pueblo donde tomé las mejores sopas de mi vida. Varios gringos se instalaron a trabajar en turismo en ese paraíso poco conocido todavía. Ojalá que esta ventana los lleve hasta allá. El camping es de un belga, hay un hotel boutique junto a un viñedo de un yanqui, un comedor muy accesible de una alemana en el centro, y otro frente a la plaza de otro gringo cuya nacionalidad se me escapa, y otro camping de una alemana que no pude conocer porque era muy caro. Recomiendo probar las exquisiteces de Samaipata y jugar billar los días de lluvia. Hay un hostel con mucho aire “Namasté” donde tomé uno de los mejores desayunos de mi vida, muy naturista. Abran esta ventana, es mágica.

Ventana en el camping de Samaipata, Bolivia

Quiero seguir sorprendiéndome con nuevas ventanas… Porque supe que también hay algunas que son para escaparse.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s