¿Viajar sola a dedo?

¿Cómo te animás?, ¿no tenés miedo? Trataré de responderles y de responderme estas preguntas.

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Previas. El poder de las palabras en la mente y en las acciones.

Miedo, siempre tengo miedo. Soy muy temerosa y por eso me cuido mucho. Lo que más temo es el dolor, temo que me hagan daño, que me pase algo. Y temo perder el control sobre mis actos o sobre mis decisiones y que eso me deje vulnerable.

Esa es la verdad. Pero también es cierto que soy valiente; pero no es algo normal ni que suceda todo el tiempo; yo me impongo serlo cuando lo necesito: me mentalizo, saco esa adrenalina de hembra que me dijo mi madre que tenemos las mujeres y todas las hembras del mundo animal para proteger a nuestras crías. Es una fuerza natural, femenina, que sólo emerge en situaciones límites. Hablo de hormonas porque cada vez que me animé a hacer algo que me daba miedo, sentí la adrenalina en todo el cuerpo y después terminé exhausta sin poder creer que fui yo “esa”, la que se animó y lo hizo. Sobre el miedo masculino no sé mucho.

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Chuquicamata, Chile, a dedo con Juan Villarino, 2008

Creo que las palabras son mágicas y que el origen de esto está en algunas frases que escuché o que me dijeron a lo largo de mi vida. Las más lejanas y prendidas en mi mente son las palabras de mi madre, que también me decía cuando era muy pequeña: “cada uno se salva solo”. Y yo lloraba, pataleaba, me indignaba, porque me parecía injusto que mi propia madre me dijera eso cuando yo quería y necesitaba que ella lo hiciera por mí o que me ayudara a hacerlo. Detesté esa frase por años. Hoy creo que han sido sabias palabras, porque estoy convencida desde hace un tiempo de que sí, cada uno se salva solo.

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Pero que no se malinterprete, esto no quiere decir que no necesitemos a los otros, al contrario; no es algo que se opone a recibir la hospitalidad ni la generosidad de la gente que nos rodea, ni mucho menos al amor. Mi manera de entender que cada uno se salva solo tiene que ver con que nadie lo va a hacer por mí, por eso yo misma lo tengo que hacer. Si yo tengo un sueño, el de viajar, no tengo que esperar que venga otra persona a que me cumpla el sueño, ni hacer cola para que el Destino atienda mis ruegos. Si no sé hacerlo, lo aprenderé haciendo, porque no siempre hay alguien que te enseñe a cumplir sueños o a ser feliz. Si algo me da temor, pero quiero hacerlo, pienso que nadie lo va a hacer por mí, que tengo que hacerlo yo y punto, tengo que enfrentarlo, tengo que salvarme sola, y busco la manera. O si estoy triste, desilusionada o con el corazón lleno de agujeritos, porque soy una chica sensiblonga, también digo “basta, nadie me va a rescatar más que yo misma de esa situación”.

Porque hay otra frase muy significativa: “es sólo una cuestión de actitud”, se me grabó a fuego con una canción de Fito Páez. Esta es una expresión sabia que también me mueve a buscar lo que deseo o lo que me hace falta por mis propios medios. Y eso casi siempre implica pedir ayuda a otras personas para lograrlo, no espero que llegue de arriba, tomo aliento, cargo coraje, voy y busco lo que me falta. En los últimos tiempo de mi vida me faltaba estar bien, por eso me mentalizo que debo ser valiente para iniciar un rumbo nuevo. Pero llevó mucho tiempo juntar coraje y sentirme tan decidida, hace como dos años que tengo una vida laboral rutinaria, sedentaria, en que no me sentía fuerte todavía para el despegue. Era más cómodo quedarme en casa, aunque no me sintiera conforme con eso.

En este momento sé que para viajar necesito ayuda de la gente que vaya encontrando en el camino, y la voy a requerir más de una vez, pues no creo que venga sola. Buscar compañeros de viaje también es un forma de salvarme sola, porque no van a llegar hasta mí por su cuenta. La mente atrae lo que uno necesita, hay algo que se llama causalidad que se complementa con la casualidad, y medio que se confunden.

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A dedo por Ecuador en 2008, con Juan.
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Autostop con Juan en Ecuador, en otra chata.

A veces las cosas me salen bien, otras no tanto, pero como sé que hice el esfuerzo, que yo misma lo intenté, no tengo nada de qué arrepentirme, porque tuve el valor de dar el primer paso, y eso ya fue un logro para mí: animarme a hacerlo a pesar de tener toneladas miedo. Veremos cómo me va esta vez.

El coraje

Siempre quise escribir algo sobre esta palabra en francés que me dio mucha fuerza y que siempre queda prendida en mis pensamientos, yo misma me digo a veces: “courage, Ceci, courage!”

En francés “courage” es coraje pero muchas cosas más. No tiene un equivalente exacto al significado de la palabra en castellano. Tiene más fuerza; lo sé porque me lo han dicho varias veces. La última vez que me tuve que decir a mí misma en voz alta “courage, Ceci!” porque me temblaban las rodillas de miedo, fue descendiendo el Camino de la Muerte en bicicleta este año en Bolivia. Al principio había un tramo de asfalto en el que la bicicleta tomaba tal velocidad que me costaba controlarla en las curvas para no pasarme de largo en los precipicios; encima había tránsito y uno de los de mi grupo se había caído delante de mí por la misma dificultad. En ese momento me dije la frase mágica bien fuerte varias veces y sentí como un poder me llenaba de confianza en mí misma, mi cuerpo dejaba de temblar y lograba hacerme consciente de todo hasta controlar la bicicleta bastante bien en las curvas. Al poco rato ya estaba gritando de alegría, disfrutando de la velocidad, los saltos, adelantándome a otros, sintiendo el viento en la cara, viendo el paisaje. Pero antes del conjuro, lo confieso, era una mosquita moribunda, pálida y temblorosa.

También hubo otra situación de viaje este año en la que me dije: “courage, Ceci, courage!”, pero sólo mentalmente porque había gente cerca y una no puede andar soltando conjuros mágicos delante de extraños. Fue porque me tocó hacer dedo sola por las rutas de Formosa y, realmente, tenía mucho miedo de que me pasara algo.

Chica sola en la ruta

Tengo un prontuario importante de viajes a dedo con diferentes personas: parejas, amigos, amigas, etc. Pero sola no, no me gusta. Igual tuve que hacerlo varias veces por necesidad, pero no lo pude disfrutar porque estuve todo el tiempo pendiente de cada movimiento, cada situación, cada cosa, tratando de que no me pase nada porque siempre son varios tipos o uno quienes me llevaban. Y me siento vulnerable y no veo la hora de llegar a destino. En esos casos la desconfianza me vence y no puedo tranquilizarme. Admiro a las chicas que viajan a dedo solas por el mundo, realmente tienen un gran “courage”.

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Viajando con Noel a dedo por Formosa, Salta y Jujuy, 2009
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Otra del viaje a dedo con Noel en una camioneta por la 81 que de sólo recordarla, todavía Noel tiembla.

Las primeras veces fue cuando trabajaba en El Potrillo como docente, en una comunidad indígena wichí en el oeste de la provincia de Formosa. Desde la capital provincial son cientos de kilómetros en un viejo colectivo que me dejaba en Ingeniero Juárez y ahí empezaba la aventura porque terminaba el asfalto y me quedaban 80 km de camino de tierra, monte adentro. Había tres opciones:

1) un colectivo destartalado lleno de agujeros por los que entraba tanta tierra que se convertía en una cápsula de experimentación de tormentas de polvo; ese cole se llamaba “Scorpio” y muchas veces se descomponía y había que pernoctar en el coche en el medio del monte; ésta era la opción más usada por indígenas;

2) una traffic que nunca se sabía a qué hora saldría, conducida por indígenas y los pasajeros eran más interculturales; una vez me compré el pasaje, me dijeron que saldría a las 13 hs y en realidad salió a las 16 hs, llegué tarde a trabajar. Me desesperaba la espera incierta comiendo viento norte y tierra, sin reparo en Juarez, donde no tuve la suerte de conocer a personas hospitalarias que me dejaran refugiarme de las tormentas de polvo;

3) hacer dedo sola.

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Un viaje a dedo sola desde El Potrillo hasta Las Lomitas, Formosa.

Después de tener malas experiencias con las opciones 1 y 2, decidí empezar a hacer dedo, total yo era docente y sabía que muchos colegas en el país recurrían a ese medio de transporte solidario por necesidad. Eso me envalentonaba. Así que, si no se rompía el cole en el tramo de asfalto desde Formosa capital por la Ruta Nº 81, llegaba a Juárez a eso de las 9 y media de la mañana y me ponía a hacer dedo en el cruce hasta mi destino, El Potrillo. El monte es un laberinto como los pastizales de algún cuento de Saer. Lo digo porque recuerdo que una vez me subí con otra docente que iba a un paraje más pequeño todavía en la caja de una camioneta llena de libros del Ministerio de Educación; comimos tierra y nos metimos por desvíos desconocidos para mí; la otra maestra ya se había bajado, no estaba ahí para acompañarme, y fue cuando empezó mi paranoia; después llegamos a un camino cortado en medio de la absoluta natura (no quiero decir la absoluta nada porque vegetación y animales había), aunque sin presencia humana. Fue un viaje muy raro; al final llegué a mi casita destruida, a tiempo para darme un baño con un balde y una jarra e ir a dar clases vespertinas.

La última vez fue cuando vinieron en vacaciones de julio dos italianos de Couch Surfing; ellos me acompañaron al Bañado la Estrella que todavía no conocía y a la Fiesta del Pomelo en Laguna Blanca donde me tocaba trabajar. Habíamos dormido en las carpas dentro de una escuela porque hacía mucho frío y teníamos que llegar al otro día a Laguna Blanca porque mi jefecito me reclamaba con urgencia. Los italianos ya habían planeado ir hasta allá a dedo, yo me imaginaba que de esa manera me retrasaría así que decidí tomar un colectivo a General Güemes y de ahí buscar un taxi o traffic a Laguna Blanca, pensaba que por motivos del festival habría mucho movimiento. Pero nada hubo, así que me fui a la ruta y empezó mi travesía a dedo sola, que fue todo un éxito. Fui en muchos tramos cortos, bajaba en un lugar y, a los 5 o 10 minutos ya estaba subiendo a otro coche; y eso que el tránsito era casi nulo.

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La italiana Bea y yo en el Bañado La Estrella
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Bea y Mattia, italianos haciendo dedo por las rutas de Formosa

La anécdota para el prontuario: ¡llegué a Laguna Blanca desde Espinillo en un coche fúnebre!! La camioneta era negra, rara, pero no me di cuenta por qué, le mostré el pulgar y paró. Cuando me subí el chofer me dijo: usted no es de acá, ¿no? Y le pregunté por qué, y me dijo: a mí nadie me hace dedo, paso y la gente que está en la ruta se aleja o mira para otro lado. Y yo le pregunté por qué. Porque es un coche fúnebre… Como me reí y me sorprendí esa vez. No podía creer que era yo la que estaba viviendo eso, viajando sola a dedo por rutas que no conocía, en un coche fúnebre, llegando a tiempo para darme un baño y trabajar en la Fiesta del Pomelo.

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Soy tan miedosa que a veces ni me animo a sacar mi súper cámara en los viajes en solitario por miedo a que me la quieran robar. Así que de ese viaje sólo me queda el registro de mi mochila en el momento en que llegamos a la Fiesta del Pomelo. Ahí nadie entendía el valor de mi travesía, ni el esfuerzo, ni la emoción. Sólo mi mochila y yo.

Bueno, han sido varios viajes sola a dedo, una vez tuve que salir de El Potrillo a dedo para llegar a Formosa. Como llovió tuve que probar un camino alternativo que me llevó hasta Los Blancos en la provincia de Salta y ahí empezaba el asfalto. En ese punto, empezó el rock and roll.  Paró una traffic llena de tipos que venían de Salta, resultó ser una banda de chamamé que venían de tocar en las peñas salteñas. Uno hasta me pidió mi teléfono, le di uno falso, y me bajé en Las Lomitas donde pude enganchar un colectivo a Formosa. Qué aventura, qué adrenalina… lo que más quería era salir del monte y estar en casa con mi familia, y lo logré. Pero no fue fácil.

Busco compañeras de viaje a dedo

A veces uno necesita un testigo para mirarse a los ojos en momentos como esos y ver la cara de emoción y de espanto de uno reflejada en el otro. Por eso me gusta viajar acompañada, por eso busco compañeras de viaje para el camino que se viene. Porque quiero disfrutar teniendo cuidado pero sin tanto temor, y compartir esos momentos en la ruta con alguien es lo mejor que rescato de otros viajes. Viajar sola a dedo no es lo que busco esta vez, porque tengo miedo, y tengo cuidado.

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Ecuador en chata a dedo, 2008, hay que llevar protector solar, lentes oscuros, sombrero que no vuele con el viento, algo para cubrirse la cara del viento por las dudas, como un pañuelo.
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Desierto de Atacama, Chile es genial para viajar a dedo, al menos lo fue en 2008, mucha gente amable. El desierto intimida pero la gente ayuda.
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Personajes que te llevan en la ruta cuando hacés autostop. Uno termina generando vínculos, algunos choferes como este son inolvidables por su carisma. Con otros seguimos en contacto. Lo más importante es que se conoce gente.
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A dedo, en chata y con lloviznas, siempre ocurre… Un impermeable para la mochila y otro para uno, para salvarse solo en estos casos.
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Los carteles no siempre ayudan para hacer dedo, a veces el destino desalienta a los choferes porque van a otro lado. Cuando un vehículo para se puede preguntar: “¿a dónde va? porque yo voy a tal lado y si por lo menos pudiera acercarme un poco más ya sería de gran ayuda…” (sólo un ejemplo, es lo que yo suelo decir)

En esta página se puede ver el avance de mi Itinerario y Proyecto de Viaje actual: Itinerario

………………..

CECILIA HAUFF es Licenciada en Letras y viajera. Lleva adelante la edición de Kay Pacha Revista, una publicación impresa y digital sobre viajes y viajeros. También editó un libro artesanal de poesías: “Pies alados” (2013, Porto Alegre, Brasil) y una versión fanzine y bilingüe (portugués-español) titulada “Sandalias aladas” (2013, Maceió, Brasil). Nació en El Colorado, Formosa, Argentina, tiene 31 años y desde diciembre de 2012 se encuentra viajando a dedo por Sudamérica. Se puede seguir los pasos de sus pies alados en Facebook: Chicalatinoamericana.

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13 comentarios

  1. ¡Hola! Estoy siguiendo tu blog porque, como te dije, me resulta interesante.
    No me resulta extraño que te pregunten si viajar “a dedo” es peligroso. A mi se me viene a la mente una vieja canción de Judas Priest (banda inglesa de heavy metal) y te digo con ellos “rock hard, ride free”. Saludos

  2. Gracias Ricardo, voy a buscar la canción a ver qué me parece y en alguna parte mencioné la frase “ahora empieza el ronck and roll” que me recuerda a otra anécdota pendiente de viaje a dedo sobre la que quiero escribir en otro post. Así que tu alusión a “rock hard, ride free”, es inspiradora.
    ¡Saludos!

  3. merci beaucoup, Odile, il fau faire atention, comme toujours, mais c’est vraiment bien interesant de voyagaer en faisant du stop parce que on connais les gens et ces histoires, et on fait des amis! Bisous!

  4. Hola ceci!estoy leyendo tus escritos por primera vez y me siento tan identificada!especialmente en lo que tiene que ver con El Potrillo y los medios para llegar!me encanta tu experiencia y te deseo lo mejor,comparto el mismo amor por los viajes con todo un mundo por descubrir,y también el mismo “miedo”jaja..cuando tengas planeado un nuevo recorrido y necesites una compañera de ruta,no dudes en avisarme y me prendo sin dudas!besos y tooda la suerte en tu viaje!;)

    • Hola Dani, si querés alcanzame y hacemos un trecho juntas por el tiempo que te quede bien, yo voy por la costa uruguaya y después por la costa brasilera, será un honor tener a una compatriota de compañera de viaje!

  5. […] Viajar sola a dedo no es fácil, al menos para mí. Tengo que irme a dormir programando esa idea en mi mente para levantarme al otro día lo más predispuesta posible. Predispuesta para cargar mi pesada mochila hasta un punto “adecuado” para hacer dedo, lo que generalmente implica largas caminatas hacia las afuera de un pueblo, o tomar algún ómnibus hacia donde se diluya la urbanidad de alguna gran ciudad. En general, los buses urbanos o interurbanos no están preparados para recibir en sus pasillos a una mochilera con una carga tan grande que podría molestar a los demás pasajeros. En esas situaciones siempre estoy preparada para oír los mismos comentarios y sobrellevar similares conversaciones con choferes o pasajeros: “¿cómo podés llevar una mochila tan grande?”, “¿viajás sola?, ¿no tenés miedo?”, “¿no te duele la espalda?”, “¿tenés familia?”, etc. Hasta ahora creo que la mejor manera de enfrentar esos interrogatorios es con la mayor sinceridad posible y una sonrisa: “sí, a veces me da miedo, pero tengo mucho cuidado”; “sí, viajo sola pero todo el tiempo encuentro personas en mi viaje, hasta ahora no me he sentido sola”; “sí, tengo una hermosa familia que sigue mi viaje y siempre me espera”; “la mochila es pesada, sí, pero es ergonómica, sólo me cansa levantarla, pero una vez que la tengo puesta ya no se siente tanto el peso, a no ser que tenga que caminar varios kilómetros…” […]

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