“Fíjate! éste es un punto patrimonial”. COCHABAMBA

En 2009 anduve, otra vez, por Bolivia pero esa vez con Rosa y Noel durante la primera parte del viaje, y luego sola. Al pasar por Cochabamba tuve algunos encuentros inesperados con la ciudad. Habíamos llegado desde Santa Cruz de las Sierras viajando en bus por la noche. Entramos a Cochabamba muy de madrugada y nos moríamos de frío porque el ascenso había sido grande; de las tierras bajas y tropicales habíamos pasado a las montañas frías.

La terminal nos había parecido increíble, moderna, enorme. Uno por ahí no se espera infraestructura semejante en Bolivia, son los prejuicios que todos llevamos a cuestas y que se van cayendo uno a uno durante un viaje.

Tomamos un taxi hacia el centro que no queda muy cerca; nos llevó un chofer muy amable, un viejito que inspiraba mucha confianza, hasta un hostel que él consideraba céntrico, barato y limpio. Lamentablemente ya no recuerdo el nombre. Nos acostamos a dormir porque todavía no amanecía. Pero, entre las 7 y 8 de la mañana los ruidos de la ciudad indicaban que Cochabamba se despertaba y me trasladaba mentalmente a Quito. Ya no pude dormir. Las chicas roncaban, así que me levanté y salí con ganas de desayunar.

Caminé hacia la plaza central que estaba como a cinco cuadras, según me indicaron, a medida que avanzaba los comercios levantaban persianas y las veredas se llenaban de agua jabonosa. Lo primero que me llamó la atención fue la arquitectura colonial que de nuevo me remitía a Quito, o a Arequipa; sentí que esta no era otra ciudad más de Bolivia, Cochabamba tenía algo especial. No había comercios abiertos, tampoco un lugar para desayunar, así que llegué a la plaza y empecé a buscar gente para consultar, y no fue fácil, la ciudad todavía se estaba despertando.

 

Fíjate!
Fíjate!
Fíjate! ésto es un punto patrimonial
Fíjate! ésto es un punto patrimonial

Entonces aproveché para observar los edificios y seguir caminando porque, generalmente, observo a las personas y a veces me olvido de mirar el continente. Y ahí tuve este descubrimiento sorprendente. El centro de la ciudad estaba lleno de carteles gigantes que decían: “Fíjate!, éste es un punto patrimonial”. Me desconcertaron porque el tamaño de la tipografía me hacía pensar que los edificios me estaban gritando; no, ni siquiera los edificios, ni los carteles, sino un narrador invisible, un duende, algo así. Yo me fijaba, pero no había más información, era obvio que se trataba de un punto patrimonial por la antigüedad y el estilo de la arquitectura, pero no podía enterarme de qué se trataba. Entonces me puse a pensar que la gente en la ciudad estaba tan encarnada en su hábitat que necesitaba llamados de atención como estos, pero no me terminaban de cerrar. Los carteles acababan contaminando la visión del patrimonio, eran como etiquetas de Facebook pero tridimensionales.

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Otros mensajes que ofrece Cochabamba

 

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Cochabamba, sus mensajes políticos, sus cables negros y el ruido ambiente

Luego llegué a un café escondido dentro de una galería, atendido por una señora muy amable que no tenía rasgos indígenas. Todos los hombres de traje que allí se sentaron a desayunar también tenían un aspecto más bien criollo, como diríamos en Argentina. Tomando el café con leche oí sus conversaciones y sentí por un momento que ya no estaba en Bolivia, al menos, la Bolivia que yo conocía. Su forma de hablar el castellano era más castiza que en ninguna parte, fue bonito oírlos, pensaba que se trataba de una ciudad antigua que se había quedado en el tiempo, con unas pronunciaciones viejas y ritmos olvidados. Luego pensé otra cosa, no hablan como indígenas bolivianos, y creí entender que mantener este rasgo anticuado, más español, era una manera de marcar identidad, de decir: yo no soy indígena, sino que desciendo de europeos. Y así deliraba con Cochabamba escondida en una galería en penumbras y tuve ganas de salir a ver más.

Interesante casilla comercial que mantiene el estilo colonial
Interesante casilla comercial que mantiene el estilo colonial

Llegué a la plaza central otra vez y ahí sí estaban los indígenas, en especial niños y madres, haciendo cola para tomar algo que parecía chocolate con una especie de torta frita que les entregaban unas personas vestidas de blanco. Después entendí que no era chocolate, era api, una bebida caliente y nutritiva de maíz que se toma mucho en los Andes. Pronto recordé que era 6 de enero, día de Reyes Magos. Inmediatamente viajé mentalmente a Tafí del Valle, en Tucumán, otro viaje en el que habíamos perdido la carpa haciendo dedo con Juan Villarino. Para buscar una solución, aquella vez se me ocurrió ir a la radio del pueblo a pedir a la gente que si tenían una carpa usada que nos la vendieran porque era invierno y Tafí también tiene noches frías por la altura. Para nuestro asombro, el intendente del pueblo se puso en contacto con nosotros, nos llevó a su oficina, nos firmó un documento que nos avalaba el permiso para usar un bungaló del camping municipal y, a cambio, como era 6 de enero, nos invitó a acompañarlos en la repartija de chocolate con facturas a los niños del pueblo. Fue una linda experiencia. ¿Siempre hay chocolate o api los 6 de enero en Sudamérica? ¿De dónde hasta dónde se extiende esta tradición en el mapa? Porque también recordé las chocolateadas en Toro Paso que organizaban mis padres y otros docentes cuando vivíamos en Palma Sola, un pueblito de Formosa. Toro Paso era un paraje más pequeño y alejado, y hasta allá íbamos con chocolate, juguetes y juegos. En una de esas ocasiones aprendí a jugar “Veo, veo/ ¿qué ves?…”, y desde entonces no he dejado de ver cosas maravillosas en el mundo que me rodea.

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Api y tortas fritas gratis en la plaza de Cochabamba
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Me llamaba la atención los tarritos de lata con manija que tenían todos, como si ir a buscar comida a las plazas fuera algo habitual.

A esa hora ya tenía movimiento Cochabamba, se ponía ruidosa, así que me volví al hostel a ver si las chicas ya estaban levantadas para salir a recorrerla juntas. En el camino de regreso tuve otro descubrimiento: pasé frente al correo central y todo alrededor había puestos callejeros de sobres, tarjetas, papel de carta… ¡papel de carta! Hace cuánto que no veía eso… si habré escrito cartas cuando era niña. Algo parecido había visto en Lima. Cuánta nostalgia por las cartas postales vino a mi mente…

Noel y Rosa cosechando higos en el hostel
Noel y Rosa cosechando higos en el hostel. Lamentablemente tenían gusanos.

En el hostel se había terminado el cuento de las Bellas Durmientes, las encontré cosechando higos en el patio interno que tenía maravillas vegetales por donde se mirara. Realmente un clima benigno, pensé. Pero después, en otro viaje, en La Paz, vería la película “También la lluvia” que narra la historia reciente y trágica de esta ciudad sobre la guerra del agua, y me quedaría con ganas de saber más sobre Cochabamba y sus alrededores, su lucha, su gente, su agua.

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Todavía me pregunto a qué hacía referencia este stencil de las calles de Cochabamba.
Las paredes de Cochabamba se expresan
Las paredes de Cochabamba se expresan

 

Recomendaciones:

Cuando viajen de Santa Cruz de las Sierras a Cochabamba en bus, lleven abrigos o cobijas para enfrentar el cambio de temperatura por el ascenso.

Tienen que ver la película “También la lluvia” antes de ir a Cochabamba.

En los alrededores de la ciudad hay paisajes increíbles, todavía no tuve tiempo de conocerlos pero me los recomendaron. Les dejo la inquietud para que averigüen más y lo compartan.

 

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Un comentario

  1. Hola, un gusto leer lo que escribes de mi ciudad. Decirte que Cochabamba es una ciudad verdaderamente única, tanto sus calles , el clima, la comida, su gente, todo hace de la llaqta un lugar muy interesante para recorrer. A proposito de las paredes jeje es algo que procuramos cuidar en la ciudad, pero como bien lo dijiste aqui las paredes hablan, y el stencil tampoco lo entiendo muy bien, pero hace referencia a un billete que salio de circulación , el de 5 pesos, ahí estaba la imagen de Adela Zamudio, una gran feminista, me atrevo decir a nivel latinoamericano. Saludos!!

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