No es fácil partir, a veces te parte

Despedida. Formosa-Concordia

El 29 de diciembre me tomé un cole de Formosa a Concordia. Fueron a despedirme mi mamá y dos grandes amigas y colegas: Rosa y Susana. La verdad es que no invité a nadie porque no me gustan los adioses, pero ellas se salieron con la suya y fue muy lindo que estuviesen ahí. Me regalaron una linterna frontal para que pudiera moverme sin problemas dentro de la carpa y la verdad es que ya van cuatro días de uso y me resulta muy útil, la cuelgo en el centro de la carpa y tengo luz en todas partes. En la terminal de Formosa también estuvo Hugo, con su novia, que me había reinstalado Windows porque andaba malísimo, la terminó de poner a punto a último momento así que me la tuvo que llevar a la terminal. En ese momento ya nada entraba en las mochilas, así que tuve que dejar el estuche protector de la netbook y algún abrigo. Un rato antes no terminaba de cerrar las mochilas y tuve que abandonar mi equipo de mate completo en la casa de mis padres, así como la campera más abrigada, de lo que luego me arrepentiría enormemente.

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La despedida fue lacrimógena, sabía que iba a pasar mucho tiempo sin ver a mi madre, sabía que ella lo estaba pensando y, además, tenía muchos temores, muchísimos, de a ratos quería que alguien me obligara a quedarme porque yo ya no podía volver hacia atrás. Por todo eso la salida fue muy estresante, estaba agotada, necesitaba saltearme ese momento y estar ya viajando. Tengo que advertirles que no es nada fácil cambiar de vida, es un proceso mental y físico duro, inevitable, que te mantiene al filo de la duda y la angustia constantemente. Creo que es la etapa que debería quemarse en el menor tiempo posible.

El coche arrancó y mi mamá había desaparecido de mi vista, al ratito la vi venir con una botellita de agua mineral: “desde que eras bebé  siempre me ocupaba de que no te faltara agua en los viajes”, me dijo, y lloré más. Por largo rato estuve viendo los rostros de Rosa, Susana y Caty, mi madre, de grandes sonrisas pero de miradas tristes. “Mujeres de hierro”, pensé. Cuando el colectivo salió y dio la vuelta, la gran sorpresa fue que las volví a ver en la vereda de la terminal, por lo que deduje que corrieron un buen tramo las tres para saludarme por última vez. Mi mamá lloraba un poquito y sonreía, creo que yo también… A la distancia tenemos una tremenda conexión, sé que está conmigo, sé que le hubiera gustado estar haciendo este viaje, y yo sigo con ella, con mi viejo, con mi hermano, con mis abuelos, con mis tíos y primos. Mucha gente cree que ando por ahí porque no tengo una familia, o algo así, pero todo lo contrario, son muchos y me acompañan, nos queremos tanto, somos un clan increíble, son mi lugar en el mundo. Claro que para ellos no es fácil seguirme el ritmo muchas veces, pero si soy así es porque ellos me dieron los genes y las historias, así me criaron, libre e inquieta, entonces pienso que por eso me bancan y me acompañan en cada viaje y yo escribo pensando en ellos, principalmente.

La noche anterior la despedida había sido más divertida, con mi abuela Evarista, mi abuelo Bernard, mi tía Teri, mi mamá y el chofer de mis abuelos. Salimos a cenar a la costanera a un lugar muy gourmet, tomamos vino y champán y nos divertimos bastante comiendo manjares inolvidables. El agasajo se lo debo a mi abuela que estuvo muy triste por mi partida desde que se enteró. Ella siempre suele ser la primera que me apoya en mis decisiones aventureras, porque las dos somos escorpianas, pero esta vez me llamó la atención que no estaba tranquila. Un poco supersticiosa me puse, pero salí igual. De paso brindamos por el año nuevo y el fin del mundo. “Otro fin del mundo más”, dijo mi abuelo que en marzo cumple 90 años.

También me despedí de mi familia paterna en El Colorado donde pasé Navidad, donde quedaron mi hermano y mi papá, y gran parte de mi mudanza. Creo que no estaban muy contentos con mi decisión porque ni se habló del tema, pero la pasamos bien. Ellos son como yo, no nos gustan las despedidas. Pero me ayudaron en todo para que mi partida fuera posible. Qué valientes son, los admiro.

Así dejé Formosa, con una mochila que apenas aguantaba, muchas sensaciones encontradas, lágrimas, preocupaciones, miedos tremendos, y sólo unos kilómetros más adelante, en Resistencia donde tuve que hacer un trasbordo para Concordia, pude empezar a dejar toda la mufa atrás y a cambiar las emociones… Como muchas otras veces, resistiendo en Resistencia.

Andresito, Uruguay, 06-01-13

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7 comentarios

  1. Amiga siento tu adrenalina…. como si estuviese por hacer lo mismo, como si estuviese en tu lugar.
    Animo! desde el sur te acompaño. y Bendiciones para que te acompañe en esta aventura. Abrazo enorme 🙂

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