Hace 53 días que salí de casa

(Disculpas si no era el texto que esperaban)

Este partir es partirme.

Partir al llegar, entero al irme.

(Gabo Ferro)

 

‎Una de las razones que me impulsó a dejarlo todo y salir a viajar fue haber perdido la regularidad en la Maestría en Literatura para Niños que estaba cursando en Rosario porque mi trabajo me exigía más de lo que tenía para dar en tiempo y fuerza; igual quise cumplir con eso lo mejor posible. Sin embargo, luego me di cuenta que no valió la pena poner en segundo plano una carrera que me gustaba y que tal vez me daría la posibilidad de viajar de otra manera, ya que las cosas no acabaron como esperaba en la oficina. Fue duro darme cuenta tarde que había priorizado mal, a cambio tuve que pasar malos momentos en los que sentí que tanto esfuerzo había sido en vano. Y era el segundo puesto de trabajo en el año en el que pasaba malas experiencias. Llegó fin de año y me di cuenta que el dinero sólo me había alcanzado para pagar el alquiler, la cuota de mi posgrado, comer y vestirme para ir a la oficina. A veces no llegaba a fin de mes y tenía que pedir prestado. Casi no salía a divertirme porque no tenía suficiente tiempo ni recursos para eso. Además, estaba por pasar otro verano sin aire acondicionado en Formosa y si quería viajar en las vacaciones tendría que volver por quinta vez a Bolivia que era lo más barato. Esta no era la vida que yo había planeado para mí.

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Mis primeros dedos solitarios en Uruguay

La última vez que fui a Rosario ya sabía que sería la última. Lo hablé con una compañera que me caía muy bien mientras hacíamos cola para asistir a la charla de un filósofo francés; ella me contó que también estaba cansada de su vida laboral en Buenos Aires. Habíamos estudiado tanto para entrar a universos tan chatos y llevar vidas con las que no estábamos conformes. Las dos sentíamos que nos merecíamos otra cosa, queríamos encontrar una salida; viajar y crear era un sueño pendiente compartido. Lo primero que hicimos fue organizarnos para ir juntas a un Congreso de Literatura para Niños en Colombia  en marzo. Luego ella iría a Cuba a hacer un curso de cine y yo pensaba que, tal vez, sería lindo quedarme un tiempo en el país de García Márquez, buscaría trabajo en alguna editorial y, si no funcionaba, probaría en Ecuador. Finalmente, eso tampoco me salió bien, con mucho esfuerzo junté la plata para inscribirme en el congreso y luego no pude depositarla por complicaciones bancarias para girar dinero al exterior desde Argentina y se venció el plazo.

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En Juan Lacaze, viendo el atardecer. Verme a mí misma sonreír de esa manera era lo que me estaba faltando.

Parecía que el mundo me iba a hacer la vida imposible los últimos meses de 2012. Llegó noviembre y cumplí treinta años. Miré hacia atrás, miré hacia adelante, y me di cuenta que, como me dijo  Juan hace diez años, un gran amigo viajero: “el mundo conspira, todo sucede por alguna razón”. Luego volví a leer un viejo manifiesto mochilero suyo donde encontré las palabras que necesitaba en ese momento para decidirme a salir: “…nadie se encuentra en peligro por estar lejos de casa, creemos que las ciudades son definitivamente más peligrosas que las rutas, los montes y los lagos. Creemos que el universo cuida de nosotros, y que una jornada laboral de 12 horas es más peligrosa que viajar a dedo…”

El cosmos me estaba expulsando de esa vida que no era para mí; tal vez por eso, en cada cosa que emprendía con entusiasmo para construir algo en Formosa, fracasaba. Una fuerza contra la que no pude luchar me iba sacando a tirones de las oficinas, de las aulas, de la vida académica y echaba mi mente a volar por los caminos del mundo. Algo confabuló para dejarme de repente despojada en el trabajo, en el amor, en la carrera, solita conmigo misma para volver a mirar hacia atrás y hacia adelante y reencontrarme con esa que he sido y que soy fuera de las instituciones.

Atrás había una Cecilia pequeñita que, con un montón de recomendaciones de sus padres, se subía sola a un colectivo en Clorinda que iba hasta El Colorado donde la esperaban la abuela Ana y el abuelo David con quienes pasaría hermosos veranos alternados con los primos de Makallé. Otra Cecilia pequeñita de 11 años viajaba tres meses con su abuelo Bernard a Francia en un avión enorme y extraordinario. Otra, veía en lo alto de la biblioteca de su padre un libro con un título muy atractivo para una niña: “Rayuela”, pero él le decía que tenía que crecer un poco más para leer eso. Cuando fue más alta lo alcanzó subida a una silla y lo leyó; fue fulminante. Mientras adolecía, escribió los primeros versos capaces de conquistar algunos lectores sentada en un colectivo urbano en Buenos Aires; eran “Flashes en el bondi” firmados por “Bohemia”. En esos días Cecilia se enamoró de un mochilero marplatense con el que se escapó en un tren descompuesto, que al final fue un colectivo, hasta Tucumán y después se fueron a dedo a Salta. Esa vez, “Rayuela”, La Maga y Oliveira  conspiraron para que todo sucediera de esa manera. Viajando a dedo perdieron la carpa en el cofre de una camioneta con un gran cerdo que daba miedo; a cambio, recibieron aventuras inolvidables que acabaron en un libro de Juan. Con ese libro Juan se fue a Irlanda y luego viajó por el mundo. Bohemia se quedó en Salta y siguió publicando algunos textos en una revista literaria independiente: “La Quimera”, mientras trabajaba en un hostel lleno de mochileros de diferentes países y comenzaba la carrera de Letras. Los sueños de viajar por el mundo batallaban contra el deber de estudiar una profesión. Fue difícil quedarse en un lugar y hacer una sola cosa cuando la mente bullía de ideas y energía para hacer tantas otras. Varias veces Cecilia intentó dejarlo todo y salir a cumplir sus sueños, sabía que podría hacerlo, incluso tuvo varias propuestas de amigos que la esperaba del otro lado del charco. Pero el amor a la familia fue más fuerte y decidió postergar todo para ser, de una buena vez, Licenciada en Letras. Se lo había prometido a su madre. Cinco años después de aquel viaje sin carpa por el NOA, Juan volvió y viajaron juntos a dedo hasta Ecuador y él escribió gran parte de su libro “Vagabundeando en el Eje del Mal, un viaje a dedo por Irán, Irak y Afganistán” en Resistencia; luego siguió su camino y Cecilia siguió estudiando.

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En la Calle de los Suspiros en Colonia, hacía mucho que no me sentía tan bien conmigo misma.

Atrás estaba todo eso. Deseos incontenibles de escribir y viajar que ralentizaron los deberes. Siempre supo que  para cumplir con sus sueños debía evitar los amores estables y cuidarse mucho de no tener hijos tan pronto; en definitiva, el plan era permanecer libre un tiempo más. Finalmente, Cecilia se recibió de Licenciada en Letras y, después de tantos años de postergar sus verdaderas metas, decidió intentar hacer una vida profesional; alquiló un departamento, lo equipó lo mejor que pudo, llegó a tener tres trabajos a la vez y, como la plata no alcanzaba para ahorrar, decidió vender libros por internet que entregaba en bicicleta; incluso tuvo la perspicacia de enamorarse de alguien que no quería viajar, lo que ya era una gran señal, aunque resultó ser una pareja poco estable de todos modos.

Hacia el frente, si seguía llevando adelante esa vida, podía entrever a una Cecilia agotada, sin ahorros, de sueños frustrados, con mal de amores, con deudas y, principalmente, disconforme con la realidad que estaba construyendo. En el futuro condicional y en el presente ilusorio, ya no estaban ocupando un lugar privilegiado los sueños de viajar y de escribir ¿Sólo faltaba tener hijos para completar el cuadro de Chica Latinoamericana rendida? Quizás fue por eso que las fuerzas del universo conspiraron otra vez para que todo lo que construía en esa vida de utilería empezara a derrumbarse frente a sus ojos. Trataba de emparchar los huecos y de levantar vigas rotas, pero fue perder el tiempo.

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Me encantó descubrir en Montevideo que los andares grises se habían teñido de colores.

Por suerte, un día entendí qué había detrás de toda esa hecatombe. Uní cabos y comprendí. Juan también se dio cuenta y vino hasta Formosa en circunstancias extraordinarias para decirme que ya era hora, tenía que salir al mundo de una buena vez; tenía que publicar un libro y venderlo en el camino, él me enseñó cómo hacerlo; yo lo había acompañado un tramo y lo había visto hacer; sabía cómo funcionaba aquello. Toda una vida preparé mi mente para el despegue; él lo sabía mejor que yo, siempre lo supo, sólo que yo me resistía porque quería ser, ante todo, una buena hija y ¿cumplir con las instituciones? Pero ya pasaron treinta años desde que este destino existe dentro de mí. Intenté ignorarlo muchas veces, hasta que se me rebeló combativo y, hoy, está acá conmigo; hace 53 días que mi Buena Estrella viaja feliz a mi lado, dándome fuerzas cuando los días se ponen difíciles. En la mochila cargo sueños propios y ajenos, a veces se pone muy pesada. Lo más importante de este viaje es que recuperé mis pies alados y que mis seres queridos comprenden y me acompañan.

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Estuve mucho tiempo sin poder escribir, creo que fue porque necesitaba, primero, poder expresar las circunstancias que hilaron mis pasos durante 37 días a través de Uruguay. Era el Tapón de Darién de palabras atoradas en la selva guerrillera de mis emociones, tapón que acá voló como un corcho de champán destapado ante las sonrisas que añoro.

Para los que me preguntaron, va la respuesta: sí, tengo “saudades”, palabra hermosa del portugués que hace referencia plena a la nostalgia, sobre todo por mi familia. Pero cada día confirmo lo que venía sospechando desde hace años; hoy, 53 días después de haber dejado mi Puerto de Palos, siento que aún no puedo volver. No tengo prisa, me gusta tomarme el tiempo de vivir lentamente algunos lugares y personas que quiero recordar más como escenas de una película y no tanto como postales congeladas. Quiero seguir, voy a seguir, me gusta la incertidumbre de cada día que se convierte en sorpresas nuevas. Pienso que el día que pierda la capacidad de asombro, que deje de maravillarme con nimiedades, voy a dejar de viajar y, tal vez, ya no escriba. Mientras tanto me siento en el mejor momento para hacerlo. Espero que me sigan acompañando.

He dicho, ahora me siento con menos carga para volver a las crónicas que algunos estaban esperando. Gracias por acompañarme, es una energía que se siente y se agradece, no saben cuánto.

“Si quisiera regresar,
Ya no sabría hacia dónde, (…)
Hay gente que es de un lugar,
No es mi caso.
Yo estoy aquí, de paso.

(Jorge Drexler)

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13 comentarios

  1. Uh, qué hermosos golpes al corazón… estoy/estamos ahí, con vos, siempre.
    ¡Dónde habrá quedado el cuaderno donde dejé registrado el itinerario que seguiría mientras daba la vuelta al mundo!

  2. Si sobrevives, si persistes, canta,
    sueña, emborráchate.
    Es el tiempo del frío: ama, apresúrate.
    El viento de las horas
    barre las calles, los caminos.
    Los árboles esperan: tú no esperes.
    Este es el tiempo de vivir,

    el único.

    Jaime Sabines

  3. Vivir la libertad a tu modo, para mí, es vivir la más pura libertad, con placer, saboreando lo que tu olfato te hace llegar de los lugares que visitas, gozar de la bellezas,que tus ojos te muestran, tu corazón te dice y te muestra, que en el mundo, nuestro mundo, hay muchas más personas de bien, que de las otras.
    Y para vivir esta vida, el desarraigo es necesario indefectiblemente.
    El amor por los seres queridos, siempre está presente, estando cerca y distante.
    Te sigo acompañando,como siempre…Lito Moreno, desde Campo Villafañe.
    Hasta la próxima, Amiga.
    .

  4. hola chica latinoamirecana, hoy te leí y me acordé de vos chiquitita, detras de la falda de la tía cathy, entre vos y yo, no se si tu madre se acordará, presentí tu llegada cuando aún era una niña y te sentí en la panza de tu mamá…hoy te presiento en las palabras de mujer madura, de mujer plena, con los ojos y el corazón abierto, te iré siguiendo, e iré descubriendo a través de tus ojos y tus emociones los lugares y caminos por los que vayas!
    besote grande desde barcelona ( yo también me sigo descubriendo en cada uno de los rincones nuevos que descubro y en los maravillosos recuerdos que de tanto en tanto repaso para sentirme viva!)
    Silvia

  5. Ceci, es hermoso leerte y “acompañarte virtualmente” en este viaje.
    Felicitaciones por el coraje de emprender este encuentro con vos misma, y que nos hace analizar nuestras propias experiencias.
    Te quiero muchooooooooo
    Esther

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