Artículo sobre mi viaje

Hace unos días salió un artículo en e suplemento de un diario de Chaco, provincia de Argentina. Lo comparto y agradezco muchísimo a Marina Nill, gran escritora, que me hizo este homenaje en mi cumpleaños.

Imagen.

Alternativos

Por Marina Nill

Cecilia Hauff Colcombet nació en noviembre de 1982 en El Colorado, tal y como la describe: “una ciudad pequeña de inmigrantes en la provincia de Formosa, cercana a Chaco -tanto en distancia como culturalmente-; sólo hay que cruzar un puente para estar en una provincia u otra y, como la ruta a Resistencia hasta ahora está mejor que la que comunica con la ciudad de Formosa, siempre hubo un mayor flujo de intercambios con la capital chaqueña. Esto lo menciono porque cuando vivía y trabajaba en la capital formoseña, alguna vez me comentaron de manera despectiva que los coloradenses somos más chaqueños que el resto de los formoseños; yo creo que hay una identidad fuerte en mi pueblo, algo que lo hace único y se debe, principalmente, a ese río turbio y arremolinado –el Bermejo-, a ese puente y a la mezcla de culturas tan diversas. A pesar de que pasé la infancia en otro pueblo, todavía más pequeño, en Palma Sola –próximo a Paraguay-, donde mis padres se trasladaron para trabajar como docentes, nunca dejamos de cultivar un amor especial hacia nuestro lugar de nacimiento, ni de regresar de tanto en tanto a visitar a la familia y, en especial, a ese río que me enseñaron a amar. Incluso mi padre escribió un libro de poemas que se llama “Las raíces buscan el sur”, en tono nostálgico y haciendo referencia a ese anhelo por volver siempre hacia nuestros orígenes”.

Cecilia Hauff Colcombet cuenta que “al colegio secundario lo hice en la ciudad de Formosa; luego comencé una etapa de incertidumbres y cambios intermitentes con los estudios: primero fue Economía en Resistencia; ante la duda me había inscripto también en Diseño Gráfico, luego me cambié a Comunicación Social en Corrientes pero fue una época de muchos paros. Entonces inicié Diseño de Imagen y Sonido en la UBA sin embargo, como no me gustó vivir en Bs As en plena crisis, me fui a trabajar en turismo a Salta. Ahí comencé a estudiar Letras y me recibí de Licenciada en Letras en la UNNE, en Resistencia. El año pasado comencé una Maestría en Literatura para Niños porque estaba trabajando en el Plan de Lectura, pero la dejé y comencé este viaje que, para mí, también representa una etapa de muchos aprendizajes. A pesar de tantas idas y vueltas y asuntos que quedaron truncos o inconclusos, como canta Edith Piaff, “rien de rien, je ne regrette rien” (no me arrepiento de nada), porque en algún momento todos los aprendizajes confluyen y adquieren su razón de ser”.

“Escribo y leo desde muy pequeña”, agrega. “Mi primera incursión en poesía fue a los nueve años, después me dediqué a escribir, con mucha dedicación, cartas a amigos y parientes –lo que creo que ha sido el origen de mis crónicas-. Descubrí que me gustaba escribir poemas más o menos a los 18 años, cuando los versos comenzaron a brotarme de los dedos en cualquier lugar: en el colectivo urbano, en los pasillos de la facultad, en reuniones con amigos… Pero no siempre me gustaba lo que me salía, eran textos urgentes que no consideraba que fueran aptos para ser compartidos; los sentía demasiado íntimos. Cuando empecé a estudiar Letras en la Universidad de Salta me rodeé de personas con mucha creatividad, la mayoría cursaba Filosofía o Letras; con esos amigos publicábamos mensualmente un fanzine con nuestros textos e ilustraciones, “La Quimera”, se llamaba, y representaba todos nuestros anhelos, nuestras inquietudes y también algunas frustraciones. Esa fue la primera vez que empecé a compartir mis producciones con otras personas y fue una gran sorpresa saber que los textos podían tener vida propia y generar reacciones inesperadas en algunos lectores. Me di cuenta que las palabras podían producir un especie de fascinación en los demás. Sin embargo, seguía temerosa y tímida frente a la idea de publicar porque mi padre es un escritor con una prolífera y reconocida obra literaria en casi todos los géneros, y me sentía, de alguna manera, condicionada. Así que empecé a publicar lejos de casa con seudónimos que fueron variando: Bohemia, Sofía Bohemia, Chica de Plastilina, Chica Latinoamericana, entre otros.”

Y llegamos, sin querer, al motivo de la columna de hoy, las aventuras y experiencias surgidas a partir de Chica Latinoamericana. Cecilia Hauff Colcombet recuerda que “Chica Latinoamericana comenzó siendo un blog de crónicas que todavía sigue en línea, pero que hace mucho quedó congelado (http://chicalatinoamericana.blogspot.com.ar/). Lo creé en 2007 cuando estaba preparando un viaje con un viejo amigo, Juan Villarino, que volvió de una larga travesía de cinco años por Europa, Medio Oriente y Asia a dedo. Decidimos viajar juntos en mis meses de vacaciones, enero y febrero, un mes de ida que nos alcanzó para llegar hasta Ecuador -aunque pretendíamos llegar a Venezuela- y un mes de vuelta a dedo para volver a Resistencia para seguir cursando en la Facultad. Ese viaje fue muy lindo, aprendí muchas cosas sobre mí y sobre cómo viajar, pero fue muy acelerado para mi gusto; siempre me quedó pendiente volver a viajar sin que el tiempo marcara mis pasos, con la libertad de quedarme donde quisiera un mes o un año si tuviera ganas, trabajando en el camino. La verdad es que en algún momento soñé con poder llevar una vida seminómade, viajando, hasta encontrar un sitio que me eligiera a mí para quedarme un año, para poder habitarlo y vivirlo en sus cuatro estaciones, y luego continuar hasta encontrar otro lugar en el mundo que me invitara a parar. Tal vez sea lo que esté intentando hacer en este viaje, aunque aún no he encontrado un lugar donde me haya animado a frenar tanto tiempo; algunos lugares que me sedujeron hasta ahora en este viaje fueron Montevideo y Valizas ((Uruguay), Porto Alegre, Paraty, Río das Ostras y Arraial d’ Ajuda (Brasil).”

“Al nombre “Chica Latinoamericana” lo elegí por muchas razones, en especial luego de haber leído el primer tomo de la trilogía “Memorias del fuego” –‘Los nacimientos’-, de Eduardo Galeano que, por así decirlo, “me voló la cabeza”; me hizo ver todo lo que me rodeaba desde un punto de vista renovado. Al volver de ese viaje me sentí más latinoamericana que nunca, me di cuenta que el norte de Argentina mucho se parece a la “América profunda” que fui descubriendo a mi paso; me sentí más conectada con esas personas que conocí en el norte de Chile, en Perú, en Bolivia y en Ecuador, que con la “argentinidad” misma -identidad que siempre estuvo más próxima a un arquetipo rioplatense que se me reveló distante-. Incluso descubrí en esa travesía que decir que soy del norte de Argentina generaba un mejor recibimiento en otros países que si decía simplemente: “soy argentina”. La historia nacional nos muestra que nuestro país muchas veces intentó desligarse culturalmente “del resto”, pero es sólo una construcción discursiva que viene de arriba hacia abajo; en el fondo, todos somos parte de ese “resto latinoamericano” y me hizo bien descubrirme parada ahí, en ese sentimiento, sin más ni menos que lo que soy, que lo que tengo o pueda llegar a ser: una Chica Latinoamericana de orgullo verde tropical.”

“Pasaron los años… entonces inicié los preparativos para este nuevo viaje y lo pensé bastante; llegué a la conclusión de que ese viejo blog no podía ser resucitado, entonces inicié uno nuevo:https://chicalatinoamericana.wordpress.com/, sin poder desprenderme del nombre anterior. Sentí que, estuviera donde estuviera, siempre sería una chica latinoamericana; escribiera lo que escribiera, siempre sería desde ese punto de vista; por eso quedó así, como un punto de partida para cualquier cosa que quisiera emprender. Lo de “Crónicas andariegas” se debe a una intención, la de no frenar, y la de escribir siempre lo que tuviera ganas en cada momento. Lo cierto es que cumplir con ambos objetivos no es tarea sencilla: andar y andar, y escribir mientras tanto, son tareas un poco incompatibles. Principalmente porque la vida andariega requiere que toda la energía y la atención estén puestas en el camino, en el día a día: dónde llegaré, en qué viajaré, con quién, dónde dormiré, qué tipo de personas conoceré, cómo haré para enviar señales de vida a casa, qué nuevas anécdotas cosecharé. Hay muchos rituales que hay que ir cumpliendo con la mejor predisposición, la mejor cara y la sonrisa más grande que se pueda ofrecer; todo eso demanda mucho trabajo, se convierte en rutina y no me voy a quejar porque es lo que elegí, lo que andaba buscando; es un estilo de vida diferente, nada sencillo, pero estoy invirtiendo energía en cumplir mi sueño y en ser feliz; lo estoy logrando. Lo único que lamento es no encontrar mucho tiempo para escribir, porque la escritura es un trabajo introspectivo que requiere determinadas condiciones y comodidades para ser realizado, al menos en mi caso; y los días se me pasan volando, los meses se gastan desmedidamente y los textos reclaman horas de trabajo para producirse.”

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Facebook: Marina de Resistencia
Twitter: @MarinaNill
Gentileza
Cecilia Hauff Colcombet, la viajera de Latinoamérica.”

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