Esta historia continuará…

– Por Cecilia Hauff-

Pipa, Rio Grande do Norte, Brasil

“He anda’o muchos caminos, muchos caminos he anda’o…”, como dice una canción de Kevin Johansen… Y ahora ha llegado el momento de parar un rato y mirar para atrás; ¡pero qué difícil se me hace mirar para atrás!, sólo me sale mirar para adelante… ¿Será una secuela que dejó el hecho de haberme convertido en “viajera”?

tamandare

El título de Licenciada en Letras ya no tiene valor en esta nueva vida, ahora realmente siento que en la travesía me convertí en “Viajera” y, cuando hay que autodefinirse ante las preguntas, ya tengo una respuesta que no me deja dudando, mi ser se siente cómodo en esta definición, fluye manso y seguro en este cauce; no me quedan dudas, viajar es “mi marca” -como diría Cortázar- y lo he descubierto, y me lo enseña -día a día- el camino. Es algo que hago y que siento, algo para lo que no necesito títulos ni academias y, estar parada en medio de la vida en esta margen, me libera.

pedaleando en Recife

Me hice consciente de que soy una “viajera” el 27 de diciembre de 2013 que fue cuando este éxodo discontinuo cumplió un año. Si bien -desde niña- he viajado innumerables veces, recién ahora siento que me gané este nuevo adjetivo. Principalmente porque con Nico, mi compañero de viaje, decidimos parar un poco para alimentar nuestra marcha. Aunque en este caso sería mejor decir: “compañero de vida”, porque nuestras vidas se convirtieron en un viaje, y nuestro viaje en nuestras vidas. Decidimos hacer un alto en el camino para trabajar un par de meses, juntar un poco de dinero y dar otro tirón hasta el próximo punto.

piscina natural Porto de Galinhas

Parando para poder seguir y pensando siempre en los caminos que vendrán, siento que estoy dando un paso fuerte hacia la vida semi-nómade que pretendía llevar desde el principio. Viajamos y editamos nuestros libros de poesías y la revista Kay Pacha -juntos a la par- durante ocho meses llenos de experiencias que nos hicieron sentir que el tiempo, “en realidad”, debería multiplicarse cuando uno viaja –como mínimo- por tres. Se condensan muchas más vivencias, desafíos y descubrimientos en menos tiempo. Lo que quiero decir es que nuestra visión sobre el tiempo mudó en el camino y, alguna vez, charlando al respecto, llegamos a la conclusión de que cada día vale por al menos tres días, teniendo en cuenta lo que antes vivíamos.  en los días de no-viajar.

Así que, ocho meses de viajar juntos, triplicados en vivencias, equivalen en nuestra nueva medida de tiempo, más o menos, a dos años no convencionales… Y aún más porque, cuando estamos en movimiento, pasamos las veinticuatro horas del día pegados. Eso, algunas veces, se hace difícil de sobrellevar, ya que nadie está acostumbrado a no despegarse de otra persona ni un ratito en todo un día. Sin embargo lo hacemos, y lo cierto es que pasamos muchos días consecutivos convertidos en siameses, lo que también nos hizo descubrir las cosas buenas que compartimos y que nos mantienen unidos a pesar de los conflictos predecibles que genera una sobredosis de unión.

chapada diamantina. recife. prai do frances

En esta nueva etapa, que comenzó al mismo tiempo que el 2014, hemos adoptado una rutina más parecida a la de la mayoría de las personas: cada uno tiene su trabajo y nos vemos sólo algunas horas al día, lo que hace que hasta la rutina se vuelva un re-descubrimiento, una aventura. Pero tenemos un objetivo claro, juntar un poco de dinero para poder enfrentar la nueva etapa del camino que retomaríamos en marzo: el Río Amazonas y, posteriormente, las Guayanas y Suriname; además, si se puede, queremos aprovechar la pausa para escribir y leer algunos libros, dos cosas que estábamos necesitando. Todo esto hace que estemos disfrutando bastante de estas nuevas experiencias.

kay pacha. cocinando

Al principio quería aprovechar algunas horas de tranquilidad que me ofrece el trabajo de recepcionista en un hotel para escribir un poco de tooodo lo vivido en el viaje hasta ahora, pero se me hace difícil rememorar cuando la mente está tan enfocada en vivir el presente y pensando siempre en “lo que vendrá”. Me cuesta mucho re-configurarme para “re-vivir” cuando estuve un año aprendiendo a “vivir” un día a la vez. Siento una especie de angustia frente a lo inaprensible del tiempo que sólo veo escurrirse cada vez que abro una hoja en blanco de Word para rebobinar mis pasos. No hay pereza, no, porque todos los días escribo alguna cosa, pero son cosas más vinculadas con el instante Kay Pacha (del aquí y ahora).

ceci y nico

¿Podría decirse, entonces, que viajando el tiempo se poetiza más? Porque me doy cuenta de que se vive el instante, la emoción, la fugacidad, TODO, con mayor intensidad. A veces, con demasiada intensidad… Hay lirismo y profundidad en cada hora que pasa… Los días pasan veloces pero, a la vez, casi sin programarlo, todo acontece multiplicado y condensado. Como si se festejara un grandioso carnaval dentro de un metro cuadrado.

maceio

Siguiendo esa lógica, debo estar envejeciendo con mayor rapidez también, aunque lo cierto es que por dentro me siento más próxima de la nena que he sido, y paso muchas horas del camino re-viviendo con placer recuerdos de la niñez. Me gusta más perderme en mis laberintos infantiles que recordar lo que pasaba hace un año, o cinco. Me gusta corroborar en mis viajes mentales que todo lo que estoy viviendo ya estaba condensado dentro de mí en cada cosa que hacía desde el principio. Viajando parece que todo empieza a cobrar sentido. Por eso, continuará…
baobab de recife

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