El llamado de la montaña…


– Por Cecilia Hauff –

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Recuerdos de unas montañas en Bolivia

Esas moles de tierra emergiendo por causas violentas, explosivas y catastróficas, que dieron fin a viejos mundos y nacimiento a otro nuevos, siempre ejercieron un poder de atracción sobre mí. Una vez cumplí uno de mis sueños y me fui a vivir lejos de casa, entre montañas, en Salta. Desobedeciendo a todo mandato familiar, seguí los pasos de Mahoma hacia las alturas y todo el mundo se preguntó por qué me había convertido en una mala hija. Sólo mi abuela entendió y nos dijo a todos que era la energía de las montañas la que ejercía un poder sobre mí, que me hacía sentir en armonía, como yo le había confesado. Las palabras de mi abuela fueron el argumento mágico de mi partida, y las adopté para siempre.

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En otro viaje, Bolivia

En ocasiones, llegué a sentir –o a imaginar- que en vidas anteriores había sido una india que vivía en esas montañas, una coya, para ser más exacta, y aún lo siento. Desde entonces, siempre elegí viajar por donde hubieran manifestaciones grandiosas o leves de la cordillera andina. Noroeste argentino, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador… Luego se me ocurrió comenzar a dibujar con mis pasos las orillas de los mapas, y las costas tomaron prioridad.

Hace más de un año que viajo por los bordes atlánticos de Uruguay y Brasil, constatando viejas teorías –que se reforzaron leyendo a Vargas Llosa- en las que se insinúan diferencias culturales profundas entre costeños y montañeses. Hace poco, leyendo a Kerouac –“En el camino”- descubrí que en el hemisferio norte también los viajeros han notado estos contrastes. Y a mí me pasa, a cada rato, cuando estoy frente al mar, lo admiro, lo disfruto, pero dejo caer los párpados y, debo admitirlo, los ojos se me llenan de inmensas montañas que no están frente a mí.

Por alguna subterfugia razón, siento que al acostarme esta noche, poderosas montañas saldrán de mi cuerpo. Siento el llamado, y hacia allá voy, aunque a paso muy lento…

Pipa, Rio Grande do Norte, Brasil

Enero de 2014.

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4 comentarios

  1. La montaña tiene altura, la altura tiene horizonte, y este permite ver. Quien despierta, ve. Quien sube en altura, es viviendo. Estas despierta mas que nunca.

    “…se que la altura es mejor, para ver lo que lejos está. Vayan y suban los ojos, y que suba el fuego. Hasta donde se pueda y mas…” Ritual, Catupecu Machu.

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