Esto no es una guía para viajar

Campito - Colo 0856
Ilustración: Cecilia Hauff.

El objetivo de salir a viajar fue el de cumplir algunos sueños y, más que nada, el desafío de dejar por sentado que yo podía lograrlo, y lo hice. No sé por qué surgen esas necesidades humanas de cumplir sueños y de dejar cosas por “sentadas”. Y no sé por qué surgen esas necesidades de realizarse desafíos a uno mismo. Pero ahí están, y siempre estarán. Son rasgos pertinentes de nuestra humanidad?

Supongo que se trata de artilugios que inventamos para que la vida tenga sentidos, no uno, sino diversos sentidos que nos hagan vivir simulacros de felicidad y de grandiosidad en medio de la insignificancia de ser humanos. Porque ante un mundo extraordinario no podíamos dejar de ser, o, mejor dicho, no podíamos dejar de querer ser, seres extraordinarios. Y quizá sea así, porque “Todos somos Uno”, como leí que decía un mural en Lima.

Lo que pasa es que, claro, si fuera una mujer de las cavernas, de cuando supuestamente éramos menos humanizados y más animalados, yo ya estaría muerta, pues tengo más de treinta años y la esperanza de vida de aquel entonces era muy breve. En cambio, ahora, se me hace que nos sobra vida para vivir.

Ya no estamos aquí sólo para reproducirnos e invadir al planeta Tierra asegurando la prolongación y expansión de la especie (qué extraños objetivos…). Aquí y ahora, nos queda más tiempo que antes para vivir. Y bueno, tenía que hacerme cargo de esa clarividencia. Y quise hacerme cargo de mi existencia, aprender a estar conmigo misma en el Mundo, algo demasiado grande para alguien tan insignificante como yo, pero igual, quise entregarme al desafío, y lo hice, como una interpretación personal de viejas ideas sartreanas (leer te acaba distorsionando la realidad, sin dudas).

Andando por ahí, con sombra y ritmo de caracol, un día sentí que ese sueño, el de viajar, ya estaba cumplido y que no había necesidad de forzarme a seguir arrastrando conmigo ese monumento de por vida. Ya había descubierto que podía hacerlo, y lo hice, no tan bien como lo hicieron otros, pero lo hice, y fue salvaje, hermoso; mágico.

Algunos buenos amigos, tratando de tirarme una cuerda, me dijeron: si lo que mejor te sale es viajar, por qué no seguís haciéndolo. Y lo pensé, pero parece que no quiero casarme con una sola idea de mí misma. No quiero viajar como única opción. Quiero hacer otras cosas. Viajar es algo que me resulta ya muy accesible, muy parte de mí. Y siento que hay otras cosas que quiero hacer y que se me presentan más difíciles… Hay otros desafíos.

Entonces, decidí dejar la caracola un rato y volví a casa. Principalmente porque me vi en la trampa de querer acoplar mis sueños al de otros para seguir dándole gas a este globo que ya se iba un poco a la deriva. Es hora de pensar nuevos desafíos. O es hora de hacer una lista de sueños pendientes para seguir dándole gas al globo de esta vida. Aunque me guste dejarme fluir, también me gusta decidir sobre el rumbo de mi barquito de papel en este laberinto de canales, así sea que la corriente siempre lleve al mismo lugar,  o así sea que todos los caminos conduzcan a Roma.

No sé por qué no quiero tomar la Via Apia, no sé por qué prefiero lanzarme a nadar por los agujeros negros de la Vía Láctea. No sé por qué no puedo tomar el camino más corto, el del lobo que te hace reflexionar en voz alta sobre el tamaño de sus partes.

Pensando en muchas boludeces como éstas, me di cuenta de una cosa y me perdí en muchas otras. Descubrí que, como todo en la vida, el cumplimiento de mi sueño fue bastante imperfecto. Viajé, sí. Siempre dije que no me ponía metas de tiempo ni puntos de llegada porque pensaba viajar sólo hasta cansarme. No quería competir conmigo misma, tan sólo, acompañarme.

En Perú parece que encontré un límite: estuve dos años de mochilera por Sudamérica y volví antes de que algo me obligara a hacerlo. Porque soy un poco supersticiosa y sigo las señales. Cuando comencé a vivir una seguidilla de experiencias negativas, dije: basta, es hora de cambiar la racha. No sabía qué haría, pero tenía que hacer un cambio brusco de energías, como para engañar a las Moiras. Y, como las fiestas de fin de año estaban próximas, la señal más fuerte que sentí fue la de volver a casa, a disfrutar una temporada con mi familia para darme una buena dosis de energías positivas. Y así fue. Y así es.

Cumplí mi sueño: viajé por largo tiempo. Hice una vida seminómade de dos años. Y tal vez aún esté viajando. Lo que dejé colgado en el camino, intentado a medias pero sin concretar nada, fue el sueño de escribir. ¡No escribí un carajo!

A pesar de haber publicado con alegría mi primer libro de poesías en Porto Alegre y de haber editado una revista colectiva sobre viajes y viajeros, siento que aún no escribí lo que tenía que escribir.

Me dediqué a vivir cada día a la vez, improvisando, la mayoría de las veces. Nunca escribiendo, ni siquiera para entender lo que estaba experimentando, ni para registrar hechos. Nunca como me lo había propuesto desde el principio. Pero tampoco me obligué a hacerlo, lo dejé fluir. Tal vez quería vivir así, un poco desencontrada, un poco perdida, un poco ágrafa. Ahora, en cambio, tengo que escribir.

Bueno, tal vez este sea el momento para emprender ese nuevo viaje que me da miedo e inseguridades. Un viaje por zonas desconocidas porque, aunque sea Licenciada en Letras, este es, más bien, un viaje interior, a través de territorios bajo la piel y geografías mentales, un viaje con todas mis realizaciones posibles como compañeras de andanzas.

Así que, lectores de este blog, les pido disculpas anticipadas, pero el blog es lo único que me queda, lo único que me tolera como escritora y el único espacio en el que soy libre para publicar lo que tenga ganas (creo). Así que ya no habrá, porque casi no hubieron, crónicas de viajes, ahora serán ensayos de escritura, tal vez sobre viajes, tal vez sobre otras yerbas. Pero no esperen encontrar la guía para viajar por Sudamérica aquí, porque mi viaje también fue un ensayo creativo que se hizo al andar. No hay guías. El viaje es parte de la vida, y la vida no trae un manual.

Y claro, me gustaría que me acompañen… Pero, no garantizo entretenimiento.

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3 comentarios

  1. Te seguí desde que te conocí, seguí tu recorrido, viajé con vos. Gracias!!! Me sentí en ruta con vos. Temía por tu seguridad. Descansaba cuando publicabas algo. Te hiciste una amiga viajera. Me quedaron pasajes que escribiste cuando estuviste en Chile. Eso de tengo los ojos secos de tanto ver? (no tenog tanta memoria jaja) Ahora en este rubro de escritora también te seguiré. Este viaje te sirvió, es verdad que leer te cambia, por lo menos provoca, mueve algo dentro…. te acompaño en este nuevo desafío. Cariñosamente. Elisa

  2. Hermosa elogia al acto de vivir! Después del viaje fisico, queda el viaje interno. Te deseo toda la suerte del mundo, y estaré siguiendo el rastro de palabras e ideas que dejás aqui en tu blog 🙂

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