Reflexiones del séptimo día

Cosas que se hacen no se deshacen. Nada se pierde, todo se transforma.

Hace una semana que salí de casa, otra vez. Me traje pegados a los párpados el recuerdo de la sonrisa de mi sobrino y las miradas de mis padres, emocionados y sonrientes, despidiéndome en la terminal de Formosa.

Llegué en colectivo a Salta, el pasaje fue un obsequio, y me reencontré con algunos de los amigos que tengo en esa ciudad por donde tantas veces pasé. No pude visitar a todos porque sólo pensaba quedarme una noche, encontrar a Larissa, mi nueva compañera de viaje, y partir juntas para Jujuy.

Fue bueno pasar de nuevo por lo de Gando, quien me recibió el año pasado por Couchsurfing cuando fui a buscar trabajo, lástima que dos miembros de la casa ya no estaban, la abuela y uno de los perritos que desapareció el mismo día. Gando, como siempre, con la mejor onda aunque a veces no se sienta muy bien. Nos recibió a Lari y a mí y organizó la despedida de un amigo en común en su casa, Pablo, que se va a mochilear a Europa después de haber trabajado unos meses en San Pedro de Atacama.

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Cuando el año pasado yo decidí dejar San Pedro y seguir a dedo hacia Perú, Pablo ocupó mi lugar de voluntaria en el hostel. No nos encontramos por un par de días. Pero le dejé algo muy importante, el contacto de mi amiga Carla y una mochilita verde que me acompañó por tantos lugares… Así que para mí es una gran noticia que le haya ido bien y que ahora esté dando un paso mayor. Me acuerdo que el año pasado no se animaba a hacer dedo hasta San Pedro. Yo le había propuesto que vayamos juntos, pero desistió. Por suerte después tomó coraje y ahora ¿quién lo para?

En Salta también me encontré con Pili, una amiga de hace unos diez años, cuando estudiaba y trabajaba en esa ciudad. Ella me enseñó a hacer malabares con fuego (con cadenas), algo que ya no hago pero que por un tiempo me permitió juntar plata para mi primer viaje hasta Ecuador en 2008. El año pasado, trabajé tres meses en una joyería en Salta, cuando me fui le dejé mi puesto a Pili, que aún sigue ahí. Todo es un ir y venir, un intercambio, un fluir. Nada se pierde, todo se transforma. Y cuando dejo un trabajo, otro lo toma y cuando me entero que le está yendo muy bien (como en las horas de profesora que dejé, por ejemplo) me pongo re contenta. Esas cosas son las que una reflexiona cuando vuelve a pasar por los mismos lugares y las mismas personas.

A mí me gusta hacer de todo un poco, un ratito, y luego probar otra cosa. Eso, en términos de una vida ordenada, es sinónimo de inestabilidad. Pero yo soy más feliz yendo a otro lado y probando otras cosas, y sabiendo que hay algunos amigos que ocuparon mis lugares anteriores me llena de alegría. Algunos nacen para ser “estables”, yo nací con alma gitana, y bueno, formo parte de la diversidad.

En estos tres meses en Formosa, no hice mucho en términos de viaje. Pero escribí, leí y pasé una temporada aprendiendo a cultivar algunas plantas de frutas tropicales. Y me encantó. Vendí unas cuantas, con eso estoy viajando ahora, así que gracias a los que colaboraron; quedaron muchas plantas hermosas. Por suerte, mi hermano las está vendiendo para su beneficio, eso me pone re contenta. Así que ya saben, cualquier cosa pregunten. Algunos me cuestionaron por qué abandoné mis plantas, no las abandoné, quedaron en buenas manos. Nada se pierde, todo se transforma.

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Cuando volví a casa me propuse quedarme un año para escribir un libro y trabajar. Pero luego me di cuenta que aún no estoy preparada para frenar definitivamente, o para volver a casa definitivamente. Una amiga muy sabia, Olivia, me dijo: ojo, mirá que no poder parar de viajar también es peligroso. Tiene razón. Igual no me asusto. Todavía tengo ganas y me siento en forma para hacerlo, pero siempre tengo en cuenta sus palabras. Para eso están los mejores amigos, para darte un punto de vista diferente sobre tu realidad, para hacerte pensar, para que cada tanto alguien te pregunte, sinceramente, cómo estás y tengas el valor de responder con la misma sinceridad.

Muchas cosas aprendí en estas idas y vueltas, cosas sobre la vida y sobre mí misma. Y quiero seguir aprendiendo. Quiero seguir viajando.

Desde la plaza soleada de Tilcara, 13 de abril de 2015.

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