Cosas que me gustan de Salta

Viví en diferentes épocas en Salta y crucé muchas veces por esta ciudad en diferentes viajes. No quería darles consejos para viajar por ahí, ya que me siento incómoda en ese papel, creo en las experiencias únicas e irrepetibles, ya que yo misma, cada vez que regreso, vivo situaciones, sensaciones y recorridos bien diversos.

Sí quiero contarles algunas cosas que yo he disfrutado por allá, a lo mejor les contagio las ganas y deciden hacer algo parecido. Entonces, esta es la lista de cosas que me gustan hacer cuando paso por Salta, aunque no siempre tenga la oportunidad de hacerlas a todas de una misma vez:

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Visitar amigos:

Lo que más, más me gustó de Salta el día que me enamoró, fue su gente. Así que visitar amigos siempre es algo que me gusta hacer. Recomiendo encontrar la forma de acercarse a la gente local, ya sea conversando con alguien en la calle, viajando a dedo o usando Couchsurfing. Especialmente los que no trabajan con turistas que a veces ya están un poco cansados de ver mochileros. En general, me parece que los salteños son personas sensibles, solidarias, les gusta compartir un mate o un vinito y filosofar, les gusta el arte, en especial la música. Siempre habrá un salteño que toque la guitarra y cante, es muy raro encontrar alguno que no lo haga. Lo que noté también, aunque quizá sea sólo mi punto de vista, es que es un pueblo más bien nostálgico. Hay alegría, pero hasta en las fiestas hay un dejo de nostalgia y de ambiente grisáceo…

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Recorrer Vaqueros, la Calderilla, Lesser y San Lorenzo:

Alguna vez hice este circuito en bicicleta, cuando vivía por allá y tenía un hermoso rodado con cambios. También tenía un compañero de aventuras para eso, Fran, que me guiaba por los lugares menos turísticos y bellos de la ciudad. Da la casualidad que, desde entonces, Fran es guía de turismo en bici, y le va muy bien. Él me hizo descubrir que se podía hacer una parada en el puente del río Vaqueros para comer un tradicional, delicioso y súper calórico buñuelo con miel de caña. También me gustaba agarrar la bici e ir hasta ese mismo río los días de mucho calor para darme baños de hidromasajes entre las piedras. Tenía un novio salteño que me decía que en el río sólo se bañaban los “yutos”*, lo que me hacía notar el sistema de castas vigente en Salta. Yo, para protestar, con más razón me iba. Sólo que me metía al río con la bici porque me daba miedo que me la roben con todo lo que me decían para que no fuera.

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Las últimas veces que fui a dar esta vueltita por Vaqueros, La Calderilla, Lesser, San Lorenzo, me llevaron en auto viejos amigos, o nuevos amigos de Couchsurfing. Como sea, es un paisaje que me encanta. Salir del caos urbano y ver los cerros verdes, los ríos caudalosos y transparentes, que para mí son más arroyos que ríos, dar saltitos por las piedras, tomar mates, ver la ciudad desde otros ángulos, todo eso, me encanta. Especialmente porque la ciudad creció demasiado en los últimos años y perdió sus viejos encantos y, quizá, ganó otros. Pero yo prefiero ir hacia las orillas del boom salteño.

Soñar en La Caldera:

La Caldera por años fue mi lugar soñado en el mundo para tener una casa. Ese sueño ya caducó. En esta nueva vida aún no encuentro sintonía con ese viejo pensamiento de encontrar un lugar en el mundo para mí. Hoy paso por ahí y ya no siento lo mismo, pero es un pueblito que mantiene su encanto y que recomiendo conocer. Tomar mates en la punta del cerro donde hay un Cristo desproporcionado, medio raro, medio deforme (sin ánimos de ofender), es un clásico salteño. Lo hacía a menudo con novios que tuve por allá. Un paseo romántico o para ir en familia. Más romántico aún si vas en una motito hecha mierda que en la última curva del camino de ripio al Cristo te hace rodar por el piso, jaja. La vista allá es muy linda. Además, el camino de cornisa para llegar es un bello paisaje entre las yungas. Algunos se animan a subirlo en bici, yo lo intenté pero no me daba el cuero, en el segundo río de Vaqueros di la vuelta. Eso sí, el camino es muy angosto, hay que tener mucho cuidado, incluso si se va en auto, porque no siempre entran dos y uno tiene que bajar a la banquina. Eso le da un aire europeo a este paseo que siempre me remitió a Los Pirineos. Me encanta ver las casas de campo con plantaciones de ciruelos, perales, durazneros… Ojo, que allá hace mucho más frío que en la ciudad, es por la altura; para tenerlo en cuenta. Otra opción bien barata es ir en colectivo urbano, son bastante frecuentes. Más allá de La Caldera, no recuerdo la distancia en kilómetros, pero a pié es bastante, está el Dique Campo Alegre. Otro sitio increíble para caminar por los cerros alrededor del lago artificial. Lo mejor que me pasó ahí fue tener un amigo con kayak para remar y disfrutar a full de una tarde calurosa. También es lindo ir con amigos a ver las estrellas y conversar tomando un vinito.

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Perderme por las calles alejadas del centro:

Recomiendo caminar dejándose perder por alguna callecita, a lo mejor, llegás hasta el barrio Tres Cerritos, como yendo en dirección hacia el Cerro de la Virgen. Me encanta caminar por ahí, casi no hay gente en las calles y muchos árboles hermosos.

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También el cerro de la Virgen es un lindo paseo para hacer, más allá de las creencias religiosas, se tiene otro punto de vista de la ciudad bien diferente al del Cerro San Bernardo; el paisaje es muy arbolado.

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Además, me gusta caminar por la Avenida Entre Ríos, desde la Balcarce hacia San Lorenzo, pasando por las vías del tren y un estadio de fútbol donde fui a algunos recitales… No sé, es como salir de la zona turística y empezar a ver cómo vive la gente local el día a día. Los vendedores de panes con chicharrón, la gente que va a comprar las famosas tortillas a las panaderías, los adolescentes que salen del colegio y se juntan por ahí, los murales que fueron hechos para los habitantes de la ciudad, el afilador de cuchillos que pasa en bicicleta aturdiendo con un pitido de tren, los viejitos en casas tan antiguas como ellos que miran hacia afuera como con miedo a ser descubiertos, o con vergüenza de ser tan viejos, ese tipo cosas…

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Ir a escuchar folclore:

Me encanta bailar folclore, pero muy pocas veces encontré en Salta el ambiente propicio para hacerlo. En la Calle Balcarce hay varias peñas, nunca entré porque son hiper turísticas y se paga caro. Pero desde la vereda se puede espiar de qué se trata. Hay un restaurante lleno hasta el tope de mesas donde se ofrece comida regional y un espacio que funciona como escenario donde se realizan shows folclóricos para turistas. O sea que NO son peñas tradicionales donde todo el mundo va a bailar y se venden empanadas, choripanes y vino en la cantina mientras se escuchan grupos de folclore en vivo. No, eso sólo lo viví en Tilcara en temporada alta, en un patio con piso de tierra. En Salta, lo mejor que me pasó fue encontrar un grupo de salteños que se juntan a hacer un asado con vino y guitarras en la casa de un amigo y, al rato, con la alegría del encuentro, empiezan a salir a bailar las primeras parejas hasta que ya están todos hasta el “aca”* de contentos. Mi amiga Pili, que es salteñísima y ama el folclore, dice que hay carpas o agrupaciones donde los salteños se juntan a vivir esas experiencias tradicionales. Siempre dijimos que iríamos juntas, pero no se dio.

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El año pasado, sin querer, llegué para las fiestas de Güemes y, sin darnos cuenta, con Gando, un amigo de Couchsurfing, mientras paseábamos por las afueras de la ciudad en su auto buscando la casa de una amiga, terminamos entrando a una y comimos y bebimos gratis, aunque no bailamos… Por eso digo que sólo me gusta ir a escuchar folclore, que es lo más fácil de encontrar, ya que si de bailar se trata, no sé muy bien la fórmula para repetir la experiencia un día cualquiera.

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Sí sé cómo repetir la experiencia de escuchar folclore con otros salteños, aunque últimamente se volvió popular entre los turistas: La Casona del Molino. Es un restaurante alejado del centro donde los salteños pueden ir a comer y beber, con su guitarra al hombro y, en cada mesa, los comensales tocan la música que les gusta. A veces se turnan y, si en ese momento no apareció ningún musiquero, siempre hay uno de la casa que se encarga de alegrar el ambiente con sus arpegios y su voz.

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Admirar las artesanías locales:

Hay gente muy creativa en el NOA, muchos están en Salta. Me encanta recorrer los locales de diseño y apreciar la creatividad con la que representan su tierra, su gente, sus costumbres. No compro nada, pero tomo ideas, me asombro, me lleno de envidia blanca ante creaciones tan bonitas. En especial admiro las obras de los más jóvenes que exploran otros lenguajes. Hay locales de este tipo en la Calle Balcarce, en el Centro y en la Feria de artesanos de los domingos, cerca de la estación de tren. Es cuestión de caminar y observar, de animarse a entrar y disfrutar sin gastar.

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Subir por las escaleras el Cerro San Bernardo:

Me sorprende la cantidad de gente que hace ejercicios, especialmente hombres y mujeres de más de 40 años que suben casi corriendo el cerro. Pero lo que más me impacta, son los que suben corriendo y rezando al mismo tiempo (“wooow”, como dice un amigo). Es que el cerro San Bernardo es como el ícono de la ciudad de Salta. Si bien ahora es un paseo muy turístico, alguna vez fue sólo un “Viacrucis”, algo muy frecuente en los Andes. Es decir, una subida con paradas programadas para rezar un Rosario completo (no sé mucho de estas prácticas religiosas, pero es lo que entendí). He visto a gente subiendo con rosarios enredados en las manos, rezando en vez de respirar (a mí me faltaba el aire) y a otros con estampitas con imágenes religiosas todas gastadas y rotas por el manoseo diario. Bueno, también es cierto que es el punto de encuentro siestero de adolescentes con uniformes escolares que se ocultan por ahí para beber alcohol o besarse, entre otras cosas.

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Referencias:

*Estar hasta el “aca”: tiene diferentes usos en el noroeste argentino. El que yo utilizo acá significa: “estar borrachos”.

* Yuto: es una forma despectiva que usan los salteños para nombrar a las personas con rasgos indígenas y menos recursos económicos.


Si te gusta hacer excursiones, en Salta te recomiendo la agencia de mi amigo Francisco: Dexotic.



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