Galería: Salinas Grandes

En julio de 2014 conocí las Salinas Grandes de Jujuy, gracias a la invitación de un amigo, Ramiro Rosa, que es guía de turismo en el NOA. En esa época estuve trabajando unos tres meses en una joyería en el centro de Salta y Ramiro me alquilaba un cuarto en un antiguo hostel (donde trabajé hace años), El Correcaminos, que derivó en restaurante y pensión.

En realidad ya había pasado por Salinas Grandes en 2008 cuando viajaba a dedo con Juan hacia el Paso de Jama, pero las vi desde un colectivo lleno de gente (que nos rescató hasta Susques porque nadie nos levantaba). O sea que, hasta el 2014, nunca había caminado por el salar. Sólo lo había visto fugazmente desde una ventanilla.

Por eso Ramiro me invitó a ir con él en mi día libre y fue una de las experiencias más lindas que había tenido hasta entonces. Justo llevaba a una australiana con sus dos hijitos como turistas que pagaban el paseo, y yo cebaba los mates. La australiana fue tan buena onda que hasta pagó mi almuerzo, cosa que pensaba hacer yo misma. No voy a decir qué comimos, porque me da cosita (tengo muchos amigos vegetarianos) y no me gustó tanto. Bueno, sí, voy a decirlo: comimos estofado de llama con papas…

Justo era el Mundial de fútbol en Brasil y el autralianito tenía una pelota oficial de la copa, obviamente que Ramiro se re copó y se pusieron a jugar a los penales a más de cuatro mil metros de altitud sobre el nivel del mar…

Estas son algunas fotos de aquella vez. Fueron mis días de caperucita roja.

Ahora, en abril de 2015, tuve la no planeada oportunidad de volver a las Salinas Grandes. Pensaba que tal vez las vería desde la ventanilla de un camión viajando a dedo con Larissa.

Estábamos haciendo dedo de Jujuy a Purmamarca y nos levantó Mariano, un chico de Buenos Aires que estaba viajando solo para conocer el NOA. Nos invitó a ir con él hasta las Salinas pero decidimos quedarnos en Purmamarca para encontrarnos con la hermana de una amiga jujeña que nos daría asilo: Natalia. Pero resulta que Natalia no volvería a casa hasta después de las cuatro de la tarde, así que alineamos los planetas y nos reencontramos con Mariano para aceptar su invitación al salar. Y así fue. Otro breve paso por el segundo salar más grande del mundo después de Uyuni. Y acá las fotos de esta última vez y el dato de que es posible conocerlo sin pagar un tour.

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