Galería: Murales de Salta

Se refuerzas los colores en los días grises

De junio a septiembre de 2014 me mudé a Salta para buscar un trabajo temporal que me permitiera volver a las rutas, después de haber viajado a dedo durante más de un año, un mes en Uruguay y quince meses en Brasil.

Al llegar a casa desde Sao Luis de Maranhao (volé), un poco sin energías después de haber terminado un linda historia de amor viajero, decidí salir otra vez. Estaba triste, tenía que reaprender a viajar sola, pero no tenía que dejar que eso cambiara tanto el rumbo de la vida seminómada que habia planeado para mí.

Sólo estuve veinte días en casa y justo pasó Diego a visitarme, un viejo amigo de Cochsurfing de Porto Alegre. Decidimos salir juntos en bici hacia Paraguay. El viaje fue corto pero inolvidable. Llegamos hasta Ypacaraí. Ahí Diego aceleró su viaje tomando un colectivo directo a su país para no perderse el mundial de fútbol y yo me quedé sola en Paraguay. Decidí no seguir en bici, porque resulta ser que Paraguay es una ondulación interminable y yo con un rodado antiguo sin cambios, no se cómo aguanté tanto. Tenía que prepararme mejor para un viaje de esos.

Entonces decidí seguir a Puerto Iguazú para buscar un trabajo temporal, pero dio la casualidad  que estaba todo inundado y no pude llegar. De Posadas me fui a Corrientes en auto con unos amigos que hice por allá, hermoso viaje.

Otra coincidencia, era el Día del Padre y mi famlia estaba en Corrientes. Así que nos dimos más abrazos y tomé coraje para intentarlo de nuevo en Salta.

Muchas trabas se me presentaban en este nuevo intento. Por suerte, no me dejé ganar por los bajones y Salta me recibió, como siempre, con brazos abiertos. Un amigo me ofreció un cuarto para alquilar y conseguí trabajo en una joyería, dejando currículums aquí y allá. Todo el mundial de fútbol me lo pasé trabajando ahí, a veces escuchando los partidos por radio, o mirándolos en algún café sola o con compañeras de trabajo o extranjeros de Cuchsurfing.

Todos los inviernos son grises y duros en Salta. Pero algo me mantuvo llena de colores en esa temporada: los murales de Salta. Y acá están algunos que fui registrando con mi celular mientras caminaba por ahí.

Lo loco fue que, después de ver tanto arte, se me dio por emepzar a pintar. Me compré acrílicos y maderitas en esa ciudad y, cuando me mudé a San Pedro de Atacama en septiembre de 2014, empecé a pintar cuadritos para vender, que luego me salvaron en Perú 🙂

En fin, quería compartir otra de esas cosas que más me gustan de Salta.

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