Walk on the wild side

Empiezo este post improvisado, de pensamientos que caen mientras escucho música y trabajo en una agencia de apuestas deportivas, con el nombre de una canción de Lou Reed que me encanta y que redescubrí hoy. Escribo desde mi yo más actualizado, mi yo de inicios de esta primavera septentrional en Lima.

Hey babe, take a walk on the wild side

Ey, Baby, date una vuelta por el lado salvaje… Dice Lou Reed, y es una invitación provocativa… Lo primero que se me viene a la mente es la película Into the Wild (En lo salvaje), pero, obviamente, el significado de la letra es más complejo. Para dejar una muestra, cito la traducción de la primera parte:

Holly vino de Miami, Florida,
hizo el camino a través de USA haciendo autostop.
se depiló las cejas de camino,
se afeitó las piernas y entonces él era ella, ella dijo:

Ey nene, date una vuelta por el lado salvaje,
dice, ey cariño, date una vuelta por el lado salvaje.

Me gusta que Holly haya viajado a dedo a través de los Estados Unidos. Me pregunto si alguna vez me animaré a hacerlo. Nunca se sabe hasta que sucede… Además, me gusta que Holly viva una profunda transformación. Se encuentra a sí misma en una forma diferente.

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El camino te transforma. Por Cecilia Hauff.

Si bien está claro que cada uno vive sus propias transformaciones y descubrimientos, me gusta que Holly, justamente, haya vivido ese cambio de género. No porque esto tenga algo que ver conmigo; al contrario. Mis preferencias sexuales no han variado, ni parece que eso fuera algo que me preocupara por ahora. Lo que cambia, o crece, o se abre, es mi forma de sentirme en el mundo rodeada de amores tan diversos. Me hace sentir que el mundo tiene más posibilidades. Y este sentimiento se origina, especialmente, gracias a que hace un mes vivo en una casa arcoiris, esto es, una casa llena de colores y de diversidad. Siento que es el mejor hogar en el que he vivido en años.

En casa tenemos diversidad de países, de culturas, de preferencias sexuales y alimentarias, y de formas de ser. Y convivimos tan bien. Y no es un hostel. Es una casa. Todos nos sentimos tan alegres de estar cerca de quince personas en un mismo Kay Pacha (aquí y ahora), que me da miedo que esto se termine. De hecho, la mayoría sigue viaje en octubre, algo que me hizo pensar en seguir también, aunque ahora los que se quedan me tratan de convencer de que me quede un poco más, y creo que tienen razón.

Lo mejor de vivir en la casa arcoiris, o la casa maracuyá, o la casa de los nómadas, como me gusta llamarla, es que todos volvemos después de un día duro de trabajo y nos encontramos. A veces programamos cenas a cargo de alguien diferente con diversas recetas. Otras, cada uno come lo que tiene y después nos reunimos en una mesa de póker multitudinario (no sé jugar, pero estoy aprendiendo, aunque no me interesa tanto); muchas veces alguien trae un vinito, o un ron, o un pisquito (o piscocito) y las charlas se prolongan. Una vez, sólo una, decidimos salir todos a una fiesta gay, la mayoría de los heterosexuales del grupo nunca había ido a una, pero igual nos pareció divertido acompañar a nuestros vecinos y vecinas gays, y descubrir cómo sería la cosa. Fue la mejor fiesta en años para todos. Nos divertimos tanto, cosechamos tantas anécdotas y la pasamos tan bien, que aún seguimos hablando de todo lo que pasó aquella noche. Los hétero habíamos dicho, quizás en chiste, que iríamos a descubrir nuestro lado homo en la fiesta, y al final nos besamos entre héteros, nomás, y nuestro lado gay destapado fue, tal vez, la libertad de besarnos sin prejuicios, sin miedos, sin importar el qué dirán. Sin miedo a las consecuencias.

Si bien conozco muchas personas homosexuales, incluso he convivido en sus casas durante este viaje, esta es la primera vez que me siento muy conectada con varios, conviviendo el día a día, entendiendo mejor su forma de percibir el mundo, de sufrirlo al mundo, viéndolos demostrarse cariño entre ellos y recibiendo un profundo afecto y agradecimiento de su parte, por ser tratados como uno más, y no como seres diferentes. Que de hecho, todos lo somos, todos somos únicos e irrepetibles. Lo importante es que podamos serlo, y que nos dejen ser. Seres extraños, como en esta canción.

Los seres que me rodean son maravillosos, y a mi nuevo amigo le digo: qué difícil es encontrar una casa tan linda como ésta en el mundo, y él me responde: es imposible encontrar otra casa tan linda como ésta… Y nos queda una semana antes de que se termine la magia, o quizás no sea tan drástico el cambio… Ya veremos. Mientras tanto, hoy pinta noche de piscocito, después de la anterior que fue de pastas a la bolognesa con versión vegetariana, juego de ajedrez y vino.

Hoy siento que admiro a la gente que camina por el lado salvaje. Y siento que yo también estoy ahí, con mis propias transformaciones, luchas, carencias y libertades. Lo bueno, es que somos muchos. Y que nos queremos mucho. Así parezca que lo bueno siempre dura instantes, nunca nos falta amor.

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Con Masha, Carla, Charly, David, Gerardo, Ana, Guada, Alejandro, Antoine y Naty.
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Con Ana, David, Nathaly, Naty, Louis, Antoine y Andrea.
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Con Masha, Ana, Nathaly, Guada, Ale, Martín y Antoine.
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