Para enfrentar los miedos de volver a arrancar

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Un arranque anterior, con luna llena, en Chile.

Como dice Alejandra Pizarnik, voy a ocultarme en el lenguaje porque tengo miedo. Terror a volver a arrancar, a recomenzar todo de nuevo. Dejar esta mínima estabilidad lograda en tres meses durísimos en Lima, salpicados de momentos increíblemente felices. La bipolaridad de la vida a veces se pone extrema.

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Con Larissa, una amiga brasileña con la que viajé un montón. En el medio del desierto a dedo 🙂 En este texto hay algunas palabras suyas…

“De todas maneras, Ceci”, como decía a cada rato un amor fugaz pero intenso en este país; de todas maneras… Y ahí se quedaba la expresión, sin concluir en una idea, dejándome más confusa de lo que jamás había estado. De todas maneras fue el final de ese amor repentino, que me dejó sin entender qué pasó, que me dejó sin concretar ninguna frase, ningún motivo… Cuando me preguntan por qué no funcionó, no sé muy bien qué decir, y por dentro se me viene sólo un eco: “de todas maneras, Ceci…” Y ya.

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Nathaly, otra gran viajera brasileña. Juntas la remamos en Lima. Y nos divertimos bastante! Con Kowski, nuestro sobrino canino.

Algunas chicas intelectuales y sofisticadas en su forma de vivir me han dicho que las mujeres que han pasado cierta línea de lo aceptable como normal, atemorizan a la mayoría de los hombres. Dicen que para ellos es más fácil buscar un buen culo y unas buenas tetas que lidiar con mantener cierto nivel de conversación, o de rutina fuera de serie; temen no llenar ciertas expectativas y eso los estresa. Y sí, nadie quiere vivir estresado. Y los orgullosos, los que a mí me han gustado siempre, no toleran sentirse cuestionados o incómodos.

Naty y Ana, dos brasileñas con las que compartí casa y hermosos momentos en Lima. Ya arrancaron, con dos gatitos :)
Naty y Ana, dos nuevas amigas brasileñas con las que compartí casa y hermosos momentos en Lima. Ya arrancaron su viaje con dos gatitos 🙂

De todas maneras, es fácil pensar así. Y es demasiado generalizador. Y es un pensamiento que nos condena a la soledad. A la desesperanza. Y nadie quiere vivir en un eterno desasosiego.

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Andrea, gran amiga ecuatoriana. Como somos del mismo signo, tenemos mucho en común 🙂 Como sea, siempre la pasamos bien.

De todas maneras, conociendo mejor las cosas como son, esta vez yo no exigí mucho, sólo un poco de cariño, sólo unos abrazos en medio de la tempestad. El abrazo del mismo hombre proyectado en el tiempo, al menos por un periodo, después de tantos cambios en un viaje de dos años y medio. Pero las autoexigencias a veces son un misterio que nada tienen que ver con lo que una espera.

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Con Paula, amiga española de inicios de mi viaje, acá estamos con otros amigos inolvidables en Brasil. Nos volveremos a ver en el Caribe, ya que voy para allá por su “culpa” 🙂

¿Cuál es el miedo que yo genero en los demás? ¿Puedo aplacarlo? No lo sé. La gente que nunca ha explorado más allá de su zona de confort le tiene miedo a lo diferente y a lo desconocido. Y yo noto que genero miedos incluso en ambientes laborales donde la gente no está acostumbrada  a enfrentarse con viajeros. No voy a decir que es una discriminación xenofóbica, sería muy duro decirlo, voy a decir simplemente que la diversidad, o la alteridad, ponen en alerta a cierto tipo de personas que a veces reaccionan de manera agresiva o absurda. Arranco también por esto, ya que, de todas maneras, aunque la relación que me hizo volver a Lima no duró, decidí quedarme por mí, para mí, pues necesitaba un poco de rutina.

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Con Carlita, otra amiga de Brasil, comiendo helados en el desierto de Chile. Hace tanto que no nos vemos, pero siempre estamos una pendiente de la otra, buscando ese reencuentro.

A esta altura en que ya soy una chica nómada, voy sembrando a mi paso un temor del que sí puedo hacerme cargo –lo demás son puras hipótesis de algunas amigas, no me hago cargo de tan pesadas causas-, me refiero a las despedidas, al desapego. Y eso no lo puedo evitar. La acción de irme, de empezar de cero cada vez, y luego dejar todo sin conclusiones o concreciones, o a medias, ha sido el patrón de mi comportamiento más normal en los últimos años. Incluso se me complica conseguir trabajo y amigos en el mundo de los sedentarios. Pero entre los nómades, ayudados por la tecnología, mantenemos lazos profundos. Son relaciones breves, pero intensas que no se miden por tiempo, o por horas de vuelo a la par, sino por las semillas dejadas en los abrazos intangibles, en los vuelos simultáneos aunque separados. Compartimos anhelos, dificultades, temores, alegrías, tristezas, gustos musicales, películas, libros, amigos, etc. Lo mejor es que con pocas palabras nos entendemos, nos reflejamos en el otro u otra, y nos mandamos muchas fuerzas a la distancia.

Al final, estoy pensando que las mujeres que han realizado cosas extraordinarias y que no pueden volver al mundo de lo normal y corriente, se encuentran entre sí, y descubren que tienen muchas cosas en común. Y se mandan buenas vibras mutuamente cuando todo parece caerse de a trozos por un puente. A veces son las mismas frases sanadoras las que van y vienen. No hay nada de novedoso en ellas. Pero son mágicas, son poderosas. Son necesarias. Y, a la inversa, en los ambientes estáticos noto que entre mujeres se picotean si alguna se destaca por algo. Qué triste.

Masha, de Serbia, my sister. Y Ana otra vez...
Masha, de Serbia, my sister. Estar con amigas que vienen de otro mundo, de otras realidades, me permite reflexionar de manera diferente sobre la vida. Y Ana, que ya está en una foto más arriba…

Hay momentos tan vacuos en los que olvidamos verdades construidas a lo largo de kilómetros de experiencias vividas, porque estas amigas y yo, literalmente, hemos caminando el planeta en diversidad de circunstancias, con astucia y fortaleza, en soledad o acompañadas, con dolor, con tristezas, con miedos, y con toneladas de alegrías intermitentes. Hasta que llega el día en que se nos cae una avalancha encima. Se nos junta todo en un mismo aquí-y-ahora. Como si gota a gota se fuera llenando la copa hasta desbordar.

Con Albina, argentino-uruguaya, ella siempre está presente :)
Con Albina, argentino-uruguaya, ella siempre está presente 🙂

Siempre regresan esas nimiedades que nos paralizan. De un momento a otro quedamos deshilachadas y los cimientos desaparecen. Y nos sentimos flotando en la nada.  Hasta que llega el mensaje de esa otra mujer extraordinaria, esa amiga que conocimos en algún tramo de la aventura, que dice: ¿te acordás cuando me sentía mal porque las cosas no se daban una y otra vez como yo las esperaba y vos me dijiste que no me olvidara que nosotras somos mujeres fuertes, chicas valientes, que hemos pasado con dificultad todo tipo de situaciones, y que igual hemos seguido luchando, y hemos salido adelante y fortalecidas? ¿Te acordás? Acordate que nada ha sido fácil para nosotras, hemos salido de las profundidades del mundo, todo lo hemos ganado con mucho sacrificio, un título universitario, el amor de nuestras familias a pesar de haber postergado sus pretensiones para alcanzar nuestros propios sueños, y hemos dejado algunos amores en el camino, pero con todo, hemos mantenido nuestros ideales en un mundo machista, y no hemos perdido el envión de seguir caminando alrededor del planeta, ni por falta de dinero, ni por exceso de miedos, ni por tropezones. Cuando otra mujer me dice eso, lloro a moco tendido, porque revivo cada momento en sus palabras. Y la pena se me estira hasta desaparecer, hasta convertirse en sonrisas llenas de mocos. Y en gracias lacrimógenos.

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Claudia, mi amiguita peruana, la que más me rescató en este país 🙂

También hay muchos amigos hombres que ayudan mandando aliento. Pero hay cosas como el peso de los ovarios que ellos no entienden. Por eso, hoy mi homenaje es para esas chicas, que son muchas, y que últimamente han tenido trascendencia en mi vida; ellas ni lo imaginan cuánto, pero han sido mi bastón en este periodo un poco rengo en Lima.

Y ahora hay quienes me mandan fuerzas para volver a salir, cuando los miedos de la partida regresan como la primera vez. Al final, cuando me esté poniendo la mochila nuevamente, y esté cruzando el umbral de otra casa que dejo atrás, pensaré en ellas. Y sé que vendrá conmigo una pizca de sus almas, de sus corazones, de sus palabras, de sus abrazos intangibles, y de su re-conocimiento.

Gracias, chicas. Las quiero. Cada día me enseñan muchas cosas sobre mí misma que de otra forma no sé si vería. Nos estamos acompañando a través del mundo.

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9 comentarios

  1. Wow, Ceci. Qué homenaje más bella a las mujeres de tu vida y la fortaleza que te dan en tus momentos más duros y dolorosos! Se siente tu dolor, y se siente tambien tu fuerza. Muchas gracias por compartir, y por lo que valga, te mando buena vibra 🙂

  2. Ceci, sempre me emocionou lendo tuas crônicas!! Essa em especial está linda!!! Segue tuas viagens….assim que pisar na primeira estrada, certo que todos esses temores passam!! Um beijo e suerte sempre!

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