VIAJAR: Actitudes a tener en cuenta

Se viene un nuevo año y sigo en Lima desde hace seis meses tratando de escribir un libro que, debo confesarlo, no me resulta nada fácil. Igual la paso bien por acá. Y, lo admito, extraño viajar.

Extraño también el blog. Y decidí volver a publicar algunos textos. Para los que no lo saben, el 29 de diciembre de 2015 cumplí tres años desde que dejé una vida profesional relativamente normal para salir a vivir Latinoamérica a full, así como se presente: buena, linda, fea, dura, difícil, amigable, triste, feliz, pobre, rica, masomenos, gentil, hospitalaria o no.

Vivo Latinoamérica así como es. Y le ofrezco a Latinoamérica lo que soy. A secas. Y ya ven, se puede. Convivimos en una relación de tres años, algo que supera todas mis expectativas. Pues, no sé cuándo me pasaré de continente y no lo quiero predecir porque si hay algo que aprendí es que hay que vivir un día a la vez.

 

Muchas chicas y chicos me escriben y me piden consejos para viajar. En general, esta cosa de dar consejos no es lo mío. Me siento infiel a mí misma haciéndolo. Y veo que hay tantos blogs que hablan de esto que deberíamos más bien compartir los link de lo que ya se ha dicho.

Pero pienso ahora que estoy un poco más sedentaria y reflexiva, un poco más vieja, que hay detalles que toda chica (y chico, supongo) podrían tener en cuenta a la hora de planear un viaje similar al mío y al de miles de otros viajeros que están haciendo lo mismo. Les juro, no hay poquitos, ¡hay miles! y cada año somos más. Si todos nosotros podemos, ¿por qué vos (tú) que estás sonriendo porque querés viajar o cambiar tu estilo de vida y no te animás y sabés que te descubrí, no vas a poder hacerlo? Claro que podés.

Tus miedos los tuvimos y tenemos todos. Sólo que llega un punto en que el miedo, una emoción tan llena de energía física, mental y espiritual, te puede bloquear o se puede convertir en impulso ¿Y si pensás que cuánto más miedo sentís tal vez más lejos puedas llegar? El miedo como impulso creador de tu destino y de tus sueños, ¿qué tal? Pero ojo, una vez que tomes la decisión de salir a cumplir tus sueños, no vale echarle la culpa a nadie de lo que no te conforme. Hay que ser responsable de las decisiones que se tomen. Si querés saber más sobre esto, podrías leer y estudiar seriamente a Sartre, pensando en tu propio ser, que se haga cargo conscientemente de su existencia y de su condición de mortal.

¿Ves? Ese es el tipo de consejos que yo te puedo dar. No esperes que yo te diga paso a paso lo que tenés que hacer, porque en cada paso hay una huella previa, o están las huellas de miles y millones de seres humanos que intentaron hacer algo parecido, algunos fracasaron y otros lograron más de lo que esperaban. A veces siento que tengo que pedir permiso a cada una de esas huellas antes de pisarlas (por eso me cuesta tanto escribir un libro). Pero obviamente que hacer esto no me permitiría disfrutar de mi propia capacidad de poner los pies sobre la tierra y de crear mis propias marcas.

No dejes que la historia te quite protagonismo, porque tu voz, tu mirada, tu forma de caminar, de bailar, de besar, de sonreír, de ayudar o de llorar, es única e irrepetible. Y es trascendental para tu propia existencia y la de los que te rodean.

Cada paso que doy es una construcción, y no podría definirte todos los detalles de cómo logré dar ese paso. Porque en ese paso, ya sea arrancar de casa, dejar todo atrás, llegar a un nuevo país, llegar al próximo pueblo, salir de un lugar para descubrir un nuevo sitio, están involucradas tantas huellas, tantas personas, tantas circunstancias que son únicas e irrepetibles, que lo que yo te cuente sólo será anecdótico.

Entonces, este es mi consejo: sólo da tu propio paso, y te salga como te salga, esa huella será tuya, única e irrepetible. Lo importante es que lo intentes. Lo importante es que superes tus miedos para tratar de hacer algo en lo que siempre creíste. Y esa satisfacción de haberlo intentado, nadie te la va a quitar.

Me fuí por las ramas y las hojitas. Llegué hasta los loros. Pero ahora voy al grano (que se comió el loro).

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Algunas actitudes que creo que te pueden ayudar a viajar más y mejor:

Mentalizar:

Cada vez que quieras hacer algo que puede parecer difícil, mentalizate. Esto quiere decir que pienses en algunos pros o contras. Más que nada en las dificultades para tener en cuenta lo que puede llegar a pasar y cómo podrías actuar en esos casos. No me refiero a que pienses que todo te va a salir mal y te pongas paranoico. No, al contrario.

Yo me mentalizo así: pienso que todo me va a salir bien, que es un gran viaje, que estoy cumpliendo mi sueño, que tengo que sonreír, que tengo que ser amable, que tengo que ser paciente, que tengo que hacer un gran esfuerzo por poner mi mente y cuerpo en sintonía fina y positiva a pesar de no saber cómo ni dónde voy a terminar ese día.

Cuando no lo logro, espero un poco y salgo después. O pienso que un día malo siempre tiene que terminar bien, y lo digo en voz alta muchas veces, en especial a quienes tengo alrededor. Porque son los que podrían ayudarme a que ese día difícil mejore.

Sentite por dentro, creá fortaleza interior, creé en vos, confiá en el universo, o en lo que creas que te pueda proteger, pero primero en vos misma/o. Tenés un poder interno, una belleza que no es física, sacá tu mejor cara, tu mejor predisposición, tu mayor aguante, tu fuerza, tu alegría, tus chistes, tus palabras amables, tu abrazo a tiempo si fuera necesario, tu solidaridad, tu oreja atenta. Esas cosas.

No, pará, pará. No es tan simple. He viajado con personas con la autoestima súper alta que parecían seguras de sí mismas pero que se quejaban de todo, o sentían que todo era una mierda. Esa no es la actitud. Eso es soberbia. Te puede pasar una vez cada tanto, normal, pero esa es la actitud que debemos evitar. Es un esfuerzo que hay que hacer, no es algo que viene hecho, por eso hablo de actitudes. Por eso viajar así no es para los que no quieren hacer el esfuerzo de ceder frente a muchas otras formas de ser que sólo te harán amargarte y hacer pasar mal a los que tengas más próximos.

Adaptarse:

Esta es la clave, señoras y señores. Somos por naturaleza adaptables a todo tipo de cambios. Sólo deben ponerle onda, actitud. Sí, soy como la canción de Fito Páez que repite mil veces: es sólo una cuestión de actitud. Pero así lo creo.

Uno se adapta si quiere, si decide hacerlo, si se mentaliza para eso, si toma la decisión de hacerlo. Si no quiere, pues sólo la pasará mal y se quejará todo el tiempo haciendo pasar malos ratos a los que tenga más cerca. Y la idea es pasarla lo mejor posible.

Esto se aplica a cualquier circunstancia de la vida, pero en un viaje se traduciría en cosas como que no podés quejarte de todo en Bolivia si sabés que estás en Bolivia. O sea, fallaste en la etapa de mentalizarte previamente de que ibas a un país con formas culturales bien diferentes, con otras costumbres, con estilos de vida que no necesariamente te van a parecer agradables.

Si te invitan por Couchsurfing a una casa humilde, no podés poner cara de asco y quejarte de la falta de comodidades o de privacidad. Sacá tu mejor sonrisa y agradecé, porque esa noche esas personas te están dando lo mejor que pueden ofrecerte. Es otro esfuerzo que tenés que hacer. Vé el lado positivo, estás aprendiendo desde adentro como viven personas de una condición social y económica diferente. Poder compartir con ellos es un aprendizaje. Y si les das oportunidad, vas a ver que esas personas tienen mucho para enseñarte, cosas que nunca imaginaste. Date la oportunidad de vivir realidades muy diferentes a la tuya, y dales a ellos la oportunidad de conocerte, eso es viajar.

A veces hay que dormir a la intemperie, en hamacas, en carpas, con insectos, con perros, con gatos, con viejos locos, con locos en general, pero el mundo es diverso, y si no sos capaz de mentalizarte con esto, sólo podés viajar en burbujas como hostels o sitios donde ya sabés con lo que te vas a encontrar, que es más o menos predecible o manejable.

Si no podés mentalizarte ni te sentís capaz de adaptarte, esperá, no es el momento. Es lo que me pasa a mí ahora después de viajar dos años y medio, necesito parar para volver a salir y volver a hacer tantos esfuerzos que me dejaron agotadísima.

Hablar con la gente:

Pase lo que pase no te quedes enfrascada/o en tu problema. Hablá con la gente que tengas cerca y que te inspire algún grado de confianza. Ser sincero hasta en lo que te resulta difícil siempre abre puertas. La gente te va a dar ideas, o te va a recomendar qué hacer, o te va a ayudar. Por más que no sean parecidos a vos. Acordate que viajando vas a ser el extraterrestre, especialmente cuando vayas de pueblito en pueblito, y el resto va a ser la gente normal de ese contexto. En ese mundito hay reglas propias que quizás no conocés, y la gente local es la que te va a explicar como funciona su universo mejor que nadie. No todo está en Google. Rompé la timidez. Seguro que los otros quieren saber quién sos, qué hacés, a dónde vas. Contales todo lo que puedas. Van a querer ayudarte. Hasta van a querer adoptarte para que dejes de hacer esa locura, jaja.

Hablá con todo tipo de gente para abrir tu mente. Con gente de la calle, con prostitutas, con policías, con homosexuales, con gente rica, con gente pobre, con gente de todos los colores. Hacé el ejercicio, el arte de conversar es algo que se fue perdiendo, pero hay estructuras discursivas universales que pueden iniciar una conversación casi en cualquier parte, intentalo. Aunque las palabras no aporten nada nuevo porque hablás del clima o de cosas muy banales, vas a intercambiar miradas, sonrisas, gestos, y eso también vale y se te queda grabado en la memoria viajera. Ser un buen conversador es algo que se contruye, se crea. No sólo tenés que decir mil cosas, tenés que aprender a escuchar, tenés que saber hacer preguntas que motiven a tu interlocutor. Las vas a encontrar, las tuyas propias, con la práctica… Las mías son mías 🙂

Lo único que puedo decirte para animarte es que yo era la chica más tímida y callada que podías encontrar, aún lo soy cuando tengo ganas, pero cuando tengo que viajar y sobrevivir en la ruta, puf, nadie me para. He hecho todos los esfuerzos correspondientes. Y me han ayudado muchísimo. No te olvides, conversar es un arte, y un intercambio.

Otras cosas obvias que no necesitan mucha explicación que deberías tener siempre en cuenta son: sé amable, no hables gritando porque cae mal, siempre da las gracias, siempre preguntá si esa persona no conoce a alguien en tu próximo destino, consultá a la gente local qué hay para conocer de bonito en su tierra, aprendé a cocinar en las cocinas de la gente local, si te invitan a comer ofrecé lavar los platos, si te gusta cocinar siempre cae bien que te ofrezcas a preparar algo, etc… El resto ya serían cosas que enseñan las mamás, jaja.

Por último, debo reconocer que lo máximo que he entregado al mundo es mi confianza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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