Aprender a viajar sola: “nueva yo”

BITÁCORA URUGUAY #02

Camino a las Termas del Daymán

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Copia de Río,termas,literatura.

Había pasado varias horas caminando por Salto, mi primera ciudad en Uruguay, y quedé traumada con los nuevos precios al convertir las divisas. Así que sólo quería ir a un espacio verde, armar la carpa y reflexionar cómo iba a hacer con tan poco efectivo en ese país y sin la posibilidad de sacar dinero del banco por restricciones económicas de Argentina ese año. Tenía que bajar el nivel de estrés y empezar a vivir la aventura de otra forma, así que ir a las aguas termales más cercanas me pareció la mejor opción.

Los temores propios del primer día de viaje afloraron como manantiales: qué voy a hacer sin plata, en otro país, lejos de casa, que voy a comer, dónde voy a dormir; qué vergüenza si tengo que pedir ayuda a alguien; qué miedo si no puedo pagar lo que necesito; qué tonta soy por no haber investigado mejor lo de la plata, tendría que saber cuánto cuesta un vasito de yogur antes de entrar a otro país. Me sentía como un bombero enfrentando un incendio con todo el equipo encima, el camión bomba, la manguera gigante entre las manos y la postura lista para recibir el gran chorro que apagará el fuego y, de repente, alguien abre la bomba y se da cuenta que no hay agua. Se olvidaron de mantener el tanque lleno para cuando llegara el momento de mojar. Así como el bombero, yo estaba lista, con la mochila gigante, el blog, la página en Facebook con más seguidores de los que esperaba, la carpa, las ganas, el empuje, la postura de mochilera, pero no tenía fluidez económica. Era un papelón. No iba a llegar ni a MontevideoAh, por cierto, la historia del bombero existe, sucedió hace años en el pueblo donde nací.

Todos esos pensamientos me atormentaban mientras esperaba el bus a las Termas del Daymán. Lo malo es que alguien con tantas preocupaciones no tiene el humor para interactuar con gente del camino ni ganas de ir a descubrir los encantos del lugar. Era un primer día de viaje desastroso, obviamente que todavía tenía mucho que aprender sobre viajar sola por otros países y con poca plata. Nadie dijo que sería fácil. Mi cabeza aún no estaba en modo viajero, todavía tenía los esquemas de la vida de un trabajador de clase media poco habituado a los cambios y a la espontaneidad.

Cuando llegó el bus subí con mucha dificultad. Mi equipaje era demasiado grande, golpeaba a la gente, los empujaba inevitablemente, algunos hombres me ayudaban a levantar la mochila porque se daban cuenta que pesaba un montón y parecía que les daba pena que una chica tuviera que andar arrastrando todo eso. Otro papelón. Si me iba a mover en transporte público para gastar menos en las ciudades, tenía que resolver este enorme detalle. Cuando me acomodé en el fondo, cerca de la puerta para bajar, un viejito empezó a intentar conversar conmigo. Obviamente que lo primero que comentó fue que mi mochila se veía demasiado pesada para mi tamaño. Yo aún no pensaba como una viajera, más bien seguía siendo una persona desconfiada, hostil, incluso antipática, y respondía con soberbia a sus comentarios, en lugar de reírme de mí misma y ganar un amigo en ese trayecto. Recuerdo que dije algo así como: no se preocupe, es ergonómica, me cuesta levantarla, pero una vez que me la pongo, ya está. Las palabras eran sutiles, el filo estaba en el tonito, en la mirada. El señor, que iba con su nieto, me preguntó varias cosas más, así que fui aflojando la mala onda y aproveché para pedirle que me avisara cuando me tocaba bajar. Esa fue la primera vez que tuve que empezar a construir un discurso sobre mi viaje, ya que eran preguntas que yo no había considerado aún y que luego se irían repitiendo hasta el infinito durante toda la travesía: de dónde soy, a dónde voy, por cuánto tiempo, si tengo familia, si saben dónde estoy, si tengo miedo, si alguien me espera…

En esa ocasión tuve la nítida sensación de haber empezado a construir algo nuevo en mí, algo como una nueva máscara, como una nueva identidad. Yo estaba empezando a ser una persona diferente, pero aún no podía saber cómo era eso, qué características tenía; sólo tenía una vaga idea de hacia dónde pretendía ir. Pero no sabía si sería capaz de meterme en ese rol de viajera o de mochilera que intentaba alcanzar. Todo era confuso dentro de mí, pero la verdad es que ésta sí era una buena sensación, con cosquillitas en el ombligo, como cuando empezás a enamorarte de alguien y sentís que hay algo que te descoloca, algo que te mueve la alfombra, como se suele decir. Todo es extraño y te da miedo, te da vértigo, te desconcierta, pero en el fondo te gusta y te da curiosidad saber hasta dónde se puede llegar. Viajar y amar, deberían ser considerados deportes extremos por el nivel de adrenalina que segregan. Y una canción de Gustavo Cerati me suena mentalmente: “sé que te excita pensar hasta dónde llegaré”.

El señor me dijo que faltaba poco para mi parada,  le avisó al conductor y bajó mi equipaje muy amablemente; el chofer lo esperó con la misma actitud. Abajo, en la banquina, chiquitita como me sentía mientras todos me miraban desde lo alto del bus, no me alcanzaban las palabras para agradecer. Me invadía una gran emoción mientras veía alejarse al transporte público, porque me daba cuenta que yo moría de miedo, pero la gente me estaba ayudando en vez de atacarme como yo creía que sucedería. La mayoría no se reía del tamaño de mi mochila, que era proporcional al tamaño de mis sueños; más bien se preocupaban, querían ayudarme, y esto me costaba entender. Recuerdo que solté algunas lágrimas mientras tomaba fuerzas para ponerme la mochila de nuevo. Era una emoción confusa, al menos podía liberar un poco las tensiones con ese llantito disimulado. No sabía si la gente me tenía lástima o admiración, o ambas cosas, y esto me hacía sentir incómoda. Tendría que aprender a convivir con esto. Tendría que aprender a ser una “nueva yo”. Esa era la condición para poder seguir, lo supe de inmediato. Lo que no sabía era si sería capaz.

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En Chica Latinoamericana:

uruguay carátula (1)

ICONO VIDAS NOMADAS

Copia de cosas de viajar 1 (1)

Sitios que también publicaron sobre “viajar sola”:

¿Ya viajaste sola? ¿o solo? ¿Qué tal la primera experiencia? Contanos cómo te fue.

  • Viajando por ahí: Siempre que puedo leo los textos de Aniko Villalba, me gustan mucho.
  • Viajando por ahí 2: Otro texto de Aniko al respecto.
  • Los viajes de nena: Cada tanto leo los textos de Laura que es la compañera de viajes de Juan Villarino, un gran amigo del camino, ambos escriben muy bien.
  • Acróbata del camino: Juan Villarino siempre te da razones para que salgas a viajar, cuando tenía mis mayores dudas, fue él quien me convenció de que lo haría muy bien.
  • Vivir al máximo: un blog muy bien hecho que me recomendó una gran amiga. Me gusta como está planteado el texto.
  • Lápiz nómada: Aunque no conocía este blog, me pareció un texto en sintonía.

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