Acampar sola por primera vez

BITÁCORA URUGUAY #3

Termas del Daymán, Salto, Uruguay

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Mi primer día de viaje me invadieron miedos y dudas de todo tipo. Estaba en Salto, al norte de Uruguay, así que decidí salir unos pocos kilómetros de la ciudad y armar por primera vez sola la carpa. Me parecía la opción más barata para pasar la noche. Además, necesitaba estar tranquila para reflexionar sobre todo lo que me preocupaba respecto al viaje.

Llegué en transporte público a las Termas del Daymán al atardecer y empecé a buscar un camping. Todavía era muy pronto para hacer dedo, aún no tomaba coraje; además, caía la noche y debía resolver lo de dónde dormir lo antes posible. Estaba cansada.

¿Cómo elegir el camping apropiado?

En principio pensaba elegir el camping más barato. Pero también tenía que ser seguro, pues nunca había dormido sola en una carpa. Los baños debían tener duchas con agua caliente y ser mínimamente limpios. Ah, y que tuviera césped, ya que funciona como colchón y aislante natural; después de acampar en los pisos pelados y pedregosos de Jujuy, en el norte de Argentina, había aprendido la lección. Y árboles, porque cuando saliera el sol iba a morir por un poco de sombra fresca. Todo eso pensaba mientras buscaba un lugar.

Caminé por las calles de tierra mirando carteles y preguntando a la gente. Daymán me pareció un pueblo pequeño a orillas del río homónimo, pero con mucha infraestructura turística. Descarté entrar a los sitios con pinta de caros, como el que tenía toboganes acuáticos a la vista o carteles muy pomposos sobre sus baños termales. Al final, me quedé con el primero, el más agreste, el más cercano a la ruta. No recuerdo el nombre.

Me atendió una señora, dijo que el encargado al que debía pagar llegaría más tarde pero podía ir instalándome donde quisiera. Cada cosa que sucedía me parecía extraordinaria y me llenaba de dudas y adrenalina. Eran cosas simples, banales, pero las vivía sola por primera vez. Ya había viajado de mochilera muchas veces antes y por varios países, sólo que ésta era la primera vez que lo hacía sola. Casi siempre tenía compañeros de viaje que se hacían cargo de la parte burocrática y las decisiones las tomábamos en conjunto. Será que en general me dejaba llevar porque era más cómodo, o quizás de a dos todo se vive la mitad de intenso que viajando sola. Ahora tenía el cien por ciento del viaje sobre mis hombros; las elecciones, las decisiones, los trámites, los cálculos matemáticos, el cambio de divisas, las intuiciones sobre los lugares y las personas, todo pasaba a ser responsabilidad mía. Qué agotada me sentía ese primer día. Tantas cuestiones por resolver me hacían pensar que estaba empezando una vida dura y no unas vacaciones.

Hasta elegir el lugar donde armar la carpa se volvió un dilema; recorría todo el camping que al final resultó ser bien grande, pensando en los árboles y en las otras carpas, tratando de imaginar los pro y los contra en caso de lluvia. Al final, se hacía de noche y dije “basta, Ceci, dejate de joder”. Y armé la carpa lejos de “los otros”. Quería estar lo más sola posible por si me daban ganas de llorar o de gritar contra el mundo, por favor, que nadie me escuchara. Una chica fuerte se construye, no viene fortalecida de fábrica. Además, “los otros” me daban desconfianza.

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Armar la carpa sí era algo que tenía bien aprendido, así que lo resolví rápidamente y por fin me pude sentir orgullosa de mí misma por algo ese primer día lleno de situaciones que me hacían predecir un fracaso. Guardé mis cosas adentro de la carpa y tuve ganas de darme un baño en la piscina termal que había visto dentro del camping.

¡Vivir el momento, mujer!

Nuevo conflicto, ¿qué podía dejar dentro de la carpa y qué no? Llevaba una pequeña laptop, una cámara de fotos medio profesional, mis documentos, mis tarjetas que no servían fuera de Argentina y todo el efectivo que pude sacar antes de cruzar la frontera, que no era mucho, pero era todo lo que tenía para sobrevivir. Si hubiera pensado en esto antes, habría armado la carpa en un sitio visible desde la piscina para estar vigilante. Pero no, la mía era la más alejada del predio.

Lo malo de viajar sola era que no tenía a alguien para consultar ideas sobre cómo resolver estos pequeños problemas cotidianos. En general, me gusta tener otros puntos de vista antes de tomar una decisión. Viajando de a dos, mientras uno sale, el otro cuida “la casita de tela” y sus pertenencias. Me faltaba compañía. Al final, cargué todo lo valioso que tenía en la mochila pequeña y la llevé conmigo, corriendo igual el riesgo de perder todo de un sólo saque.

Pero qué, ¿iba a perder la oportunidad de meterme a un baño termal por miedo a que me roben todo? No, ni loca. Si estaba ahí lo más importante era disfrutar de lo que tenía a mano. Y si me robaban, bueno, después vería cómo resolverlo, no podía tener todo bajo control ni vivir en el mundo de las posibilidades. Así que mandé mentalmente todo a la mierda y opté por relajar y disfrutar, y olvidar tantas preocupaciones. Ese fue el primer síntoma de empezar a vivir el momento que tuve.

Los baños termales y mis fantasías

Ahora que vuelvo hacia atrás para recordar los primeros días de mi viaje, me doy cuenta que aquella Cecilia era una chica más difícil de conformar. Una chica llena de preocupaciones, de enredos mentales, de temores e inseguridades. La de hoy también, pero en versión light. Sólo recordaba haberme metido en piscinas termales en Río Hondo, Argentina, cuando era niña y creo que no me había gustado mucho. A pesar de que no tenía otro punto de comparación, la piscina del Daymán me pareció una experiencia poco higiénica, ya que el agua estaba caliente, tanto como el clima del verano, y me pareció un caldo de cultivo de bacterias, casi como el que preparo para hacer yogur casero. Había visto a mucha gente, en especial niños, jugando en esa piscina por la tarde y el agua no estaba del todo transparente.

Debo confesar que a aquella chica no le pareció muy agradable meterse en una piscina con aguas termales. No sabía cuál era la parte sana de sumergirme allí. Temía que me diera otitis o que se me pegara algún hongo. Puede que sólo sea parte de mi imaginación y de los temores de una persona que aún no puede liberarse de tantos miedos, pero, para ser sincera, esa fue la impresión que tuve.

Aunque, esperen, no todo queda ahí, la Cecilia de hoy tiene otro punto de vista, un poco más experimentado y flexible. No se olviden que era el camping más barato que encontré, así que no podía exigir un servicio tan bueno. Recuerden que buscando donde acampar pasé por hoteles con toboganes acuáticos y servicios de baños termales de lujo. No tuve la suerte de probarlos porque no podía pagarlo, pero tal vez un día las termas me inviten a regresar y a darles otra oportunidad.

Posteriormente, viajando por otros países, he tenido un par de otras experiencias en baños termales en Chile y en Perú. Camino a Machu Picchu, más específicamente en Aguas Calientes, comprobé que el agua de la piscina era similar, incluso más turbia y con algas que se me pegaban en la piel; fue peor que en Daymán, igual me metí, aunque no sin asco. No sé, no soy experta en el tema, pero como dije antes, nunca estuve en un spa de lujo para decir que existen otras opciones más agradables. Igual, no logro que la idea del caldo de bacterias sea superada por la idea de aguas curativas. Debe ser que hay que repetir muchas veces las zambullidas para notar los beneficios. O quizás en las instalaciones van agregando químicos para “curar el agua sanadora”, jaja. En fin, la conclusión es que a veces hay que romper esquemas mentales y probar experiencias nuevas aunque tus conocimientos del mundo te hagan sentir contradecida. Es la prueba de que a veces hacemos cosas sin creer en ellas, o sin entenderlas, pero las hacemos porque la costumbre lo indica. Mientras tanta gente invierte tiempo y dinero para estar ahí porque creen en el poder de esas aguas, yo no soy nadie para ir en contra de un saber tan arraigado. Para mí es creer o reventar. Elegí probar. Ya que estaba ahí, hice el esfuerzo.

¿Qué aprendí de esta experiencia? Que el invierno debe ser la mejor época para ir a las Termas del Daymán, ya que en enero me sentí agobiada por el calor que tenía dentro de la piscina; fue un verano intenso. Mi cuerpo necesitaba refrescarse después de caminar con una mochila gigante y se sentía incómodo bañándose en el mismo sitio que tanta gente. La parte buena es que salí de la piscina y me senté bajo un caño que funcionaba como ducha y que también tiraba, supuestamente, agua termal. Lo bueno era que no estaba estancada. Darme esa ducha caliente bajo las estrellas fue genial, y una caricia para mi espalda adolorida. Por fin me relajé. Fue un primer intento de encontrarle el lado bueno a las dificultades del camino. Sólo que después tuve que bañarme de verdad para dormir tranquila, sin temor a los males que el agua termal podría ocasionar en mi piel, según mi imaginación poblada de peligros. Todavía no había aprendido que a veces hay más peligros mentales que reales.

Al otro día dejé el camping. Al medio día seguí viaje y, para esa hora, debo reconocer que la piscina había sufrido una transformación. Habían cambiado el agua, o la mugre se había asentado. No sé, pero se veía mucho mejor. Así que no quiero desanimar a nadie con esta confesión. Gustos y creencias son cuestiones muy personales. Hay que darse la oportunidad de conocer los baños termales a orillas del río Daymán, y cualquier otro que tengan a mano.

Dormir sola por primera vez en una carpa no fue tan difícil. Con el cansancio mental y físico, sumado a la paz de las Termas del Daymán, pude olvidarme de todos los miedos de que me robaran o atacaran; lamentablemente, son pensamientos que una mujer casi siempre tiene. Por otro lado, debo ser sincera, ya que parte de mi gran equipaje durante mis primeros meses de viaje era una colchoneta espectacular de  origen alemán que usan en campamentos mineros que me había comprado en Bolivia. Cambiar de vida tan drásticamente no me pareció buena idea, por eso la llevé, tenía que ir a costumbrando mi cuerpo paulatinamente a los nuevos ajetreos. Mi primer campamento sola fue de lujo, la carpa era para tres, la colchoneta muy confortable y el camping con piscina termal. No me puedo quejar.

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Si no sabés dónde quedan las Termas del Daymán, acá podés mirar un mapa. También te invito a ver el mapa de mis recorridos por Uruguay para ver las crónicas que se vienen.

Brevemente, para los que no saben, ya que viajando aprendí que en Argentina y Uruguay es común que haya campings, pero en otros países de Sudamérica son más raros y muchos no saben de qué se tratan, les cuento que un camping es un espacio para acampar que, generalmente, se paga. Lo que suelen ofrecer son servicios básicos para el viajero como baños, duchas, seguridad, luz eléctrica, a veces hasta cocina y, los mejores, son los que cuentan con espacios verdes y hermosas vistas naturales. En muchos sitios está prohibido acampar libremente en cualquier lugar, además, puede ser peligroso. Igual, más adelante les contaré mis aventuras de campamentos libres o clandestinos.

Próximamente voy a publicar más crónicas, algo sobre el armado de la carpa y datos sobre las otras aguas termales que conocí. Espero que me acompañen y compartan sus experiencias y comentarios.

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Compartí este post en el Grupo de Facebook Mochileros – Uruguay y recibí un interesante comentario de uno de los miembros; me pareció  útil compartirlo para los interesados en conocer las Termas del Daymán. Dice lo siguiente:

Soy de Uruguay y conozco muy bien las termas del Daymán. Es un lugar para acampar lindo, pacífico y seguro. Ahí todo el mundo va a relajarse. Personalmente, nunca tuve ningún inconveniente. En cuanto a las mejores épocas para ir, son primavera u otoño ya que no se siente el agobiante calor del verano pero tampoco se siente el frío de invierno.
Por último, el tema de las piscinas termales tienen sus horas y días ya que hay dos complejos, el más grande y más concurrido (que seguramente es al que tú fuiste) es de la intendencia (público) por eso la gran concurrencia de familias y gente que por lo general son de la capital de Salto; luego hay otra mucho mas tranquila e higiénica, que es privada y mas chica. (Sebastián Santoro).

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En Chica Latinoamericana:

uruguay carátula (1)

ICONO VIDAS NOMADAS

Copia de cosas de viajar 1 (1)

Enlaces sobre Daymán:

¿Estuviste en las Termas del Daymán y querés compartir tus experiencias? ¡Pasanos la voz!

  • Che Toba: una descripción de todo lo que yo no viví, como el parque acuático con toboganes.
  • Viver Uruguay: ¡un blog en portugués! Genial porque tengo muchos amigos brasileros.
  • El Observador: un artículo que cuenta cómo se descubrieron las aguas termales en Daymán y da testimonios de sus propiedades curativas.
  • Turismo en Salto: Un texto sobre el “termalismo”, las aguas termales y sus verdaderas propiedades.
  • La Prensa: una foto histórica de la primera pileta termal en 1958.
  • Termas del Daymán: Datos útiles sobre precios de acceso a las termas y cómo llegar, donde alojarse, etc.

 

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4 comentarios

  1. Hola chica latinoamericana desde hace unos dias vengo leyendo tus publicaciones y quiero felicitarte por el estilo de vida que elegiste, me encantaría que antes de que llegues a México pases por Nicaragua acá hay muchos lugares de interés y atractivos naturales que te encantaran, espero que sigas escribiendo y que nos deleites con tus asañas y conocimientos, actualmente trabajo en mi propio blog pero no es ni el 10% de todo lo que tu haz experimentado, me alegra que exista gente como vos que siga sus sueños y los comparta con los demás, mis buenos deseos para ti, no dejes de rodar por Latinoamérica, chao.

      • Mi nombre es Wendy Sevilla, he vivido en Nicaragua toda mi vida y es un lugar maravilloso, tengo un blog pero he tenido algunos inconvenientes por ello no he avanzado en mis publicaciones, en cuanto pueda escribir te envió el link para que te enamores de este bello país a través de las fotos, espero con ansias tus próximas publicaciones, saludos.

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